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Ramiro Galicia, uno de los últimos voceadores de periódicos en Toluca

Muchos de los que se dedican a la venta de periódicos son de la tercera edad; además, es un trabajo sin prestaciones de ningún tipo

Originario de Culhuacán, Iztapalapa, en Ciudad de México, Ramiro Galicia es voceador en la capital mexiquense. Llegó a Toluca en 1992 tras quedar desempleado; su concuño fue quien lo trajo a la ciudad, donde trabajó primero como chofer en El Universal. Luego tomó la decisión de comprar un puesto de periódicos porque ya no quería volver a ser despedido y quedarse sin trabajo.

En la labor de voceador lleva 29 años. Su puesto de periódicos está ubicado en Lerdo de Tejada y la esquina de Santos Degollado. Este oficio le ha permitido mantener a su familia y darle a sus dos hijos educación; además de que disfruta saludar a la gente, conversar y hasta torear a los autos.

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La labor para este voceador comienza desde temprano, cuando recoge los periódicos en la Unión Única de Voceadores del Estado de México de Periódicos y Revistas A. C. Después llega al puesto donde él y su esposa limpian y acomodan no sólo los periódicos, sino las revistas de política, manualidades, estilismo, recetas, corte y confección o sopas de letras; publicaciones que no tienen la inmediatez del periódico y que pueden durar más tiempo en exhibición.

Del puesto se va a la esquina en la que todos los días vocea los nombres de los periódicos y a la que llegan algunos clientes frecuentes. Vende un par de decenas de ejemplares, no más, porque ya no se venden como antes. En mayor cantidad lleva Gráfico y Metro, luego Pásala y en menor cantidad Milenio, La Jornada, Esto y Basta. Él recibe una comisión pequeña por cada venta –de 1 a 2 pesos– dependiendo del periódico. Saluda a los que pasan, sonríe y bromea…

Ramiro Galicia en su puesto de periódicos. Fotos: Patricia Ramírez

Ramiro dice que con el tiempo se han visto afectadas las ventas. El internet, en conjunto con los dispositivos móviles, ha mermado las ganancias; a ello se agrega la pandemia, que golpeó fuerte al sector, tanto en lo laboral como en lo personal. Muchos de los que se dedican a la venta de periódicos son de la tercera edad; un trabajo sin prestaciones de ningún tipo que los obligó a resguardarse.

Aunque Ramiro le va al Guadalajara, dice, le echa porras al Toluca porque vende mejor los periódicos, aunque aún así pocos. Hoy agradece que ya no tiene hijos que mantener porque, además de todo, considera que la economía está muy deteriorada; espera que llegue el apoyo económico de la tercera edad para ayudarse.

En su puesto de periódicos, la nota roja es la más consumida por los compradores, pero él recomienda a los jóvenes que vendan libros o periódicos porque “hace falta cultura”, y aprovecha la cámara para hacer la petición a los educadores de fomentar el hábito de la lectura.