Una buena noticia para Toluca, la representación popular y el servicio público: Raymundo Martínez se ha ido para siempre. Para él no hay retorno, lo que le queda por delante es una prisión o, en el mejor de los casos, el ostracismo. Hizo cosas peores que los delitos por los que se le persigue y castigará, pero lo positivo es que no quedará impune.
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Pero Raymundo no era toda la ponzoña en el gobierno. Igual o peor que él, Andrés Vergara, su impresentable jefe de asesores y operador de cloacas. Debería terminar también en la cárcel, no solo por secuestro. La mano que roba se puede ocultar, la que gasta, no. Cuando se investigue el patrimonio de este oscuro personaje con nexos familiares con otro exalcalde y exsecretario general de Gobierno.
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Con Raymundo probablemente también caiga —políticamente— la diputada federal Melissa Vargas, su hechura y brazo derecho. Por él subió y por él caerá. Ya forma parte del club de “los apestados”. Melissa, lamentablemente, es hoy una nuez vana.
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Al menos dos cualidades comprobables tiene Juan Maccise, su profundo amor por Toluca y… ¡su enorme suerte! Su irrupción en la escena política local como diputado fue obra de la fortuna y, ahora, su ascenso al poder como alcalde en funciones de la capital del Estado de México fue como sacarse la lotería. Juanito, como cariñosamente le llaman sus amigos, recibirá el gobierno en tan mal estado que cualquier cosa que haga será positiva. Tiene patita de conejo.
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Lo primero que debe hacer el nuevo alcalde es purgar la administración pública municipal de todos esos agentes envilecidos por la corrupción y la impunidad. Hay raymundistas sembrados por todos lados en posiciones estratégicas, o los quita de inmediato o no lo dejarán gobernar. Comunicación Social es la inmundicia. Alejandro Colón, el hombre que operó la impunidad mediática de Raymundo, tendría que ser el primero. No renunciará, no tiene dignidad. Tendrán que echarlo.


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