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¿Regresar a las aulas universitarias?

Falta un análisis serio, mesurado e informado que determine si, en efecto, ya es tiempo de regresar

Al final de la semana anterior el presidente de la República hizo un llamado a las universidades públicas para que regresen a las aulas cuanto antes. La manera en lo que lo hizo no es materia de mi comentario, más bien lo es el tema específico de si ya es momento de que los estudiantes y profesores universitarios regresen a las aulas. Hay varios elementos que deben incorporarse para plantear el asunto. 

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Lo primero es el estado que guarda la pandemia: en términos técnicos lo que se tiene ahora en nuestro país y en la región del mundo en la que estamos es “transmisión comunitaria” del virus. Esto quiere decir que el virus se encuentra en la población nacional y circula debido a la interacción cotidiana que tenemos en nuestra vida. Ello era un problema mayúsculo hace un año porque, no sólo se desconocía la manera de tratar la enfermedad llamada covid-19 y no existían las vacunas (ello sin contar el deplorable estado en que se encuentra el sistema de salud en el país). Esa fue la razón por la que se ordenó el confinamiento, el cierre de los espacios públicos y la suspensión de varias actividades, entre ellas las educativas. Hoy las cosas son diferentes, ya hay más y mejor conocimiento e insumos médicos para tratar la enfermedad. Hay medicamentos que han mostrado eficacia y más del 50% de la población está vacunada (aunque el sistema de salud no ha presentado mejora alguna).

El segundo elemento a tomar en cuenta es que las instituciones de educación básica ya retornaron a las aulas hace más de un mes y, hasta la fecha, no hay evidencia estadística de un repunte en los contagios. Sí se han presentado casos, aunque es difícil determinar si se contagiaron en las aulas o fuera de ellas. De cualquier manera, no representan un pico en la curva de contagios. Esta última más bien ha sostenido una tendencia a la baja desde hace aproximadamente dos meses. Al día de hoy, en el semáforo de riesgo epidemiológico de la Secretaría de Salud federal, la mayor parte del país está en los niveles de riesgo medio y bajo, lo cual significa que la ocupación hospitalaria es menor a 50% y que se tienen varias semanas de tendencia a la baja en los casos reportados, vaya que la positividad se mantiene en niveles mínimos.

El tercer elemento a tomar en cuenta es el ya perceptible rezago educativo. Las universidades están por concluir un cuarto semestre si clases presenciales, porque recordemos que se suspendieron las labores presenciales cuando aún no concluía el primer semestre de 2020 y ahora estamos en el segundo semestre del 2021. Las universidades forman a los profesionales que ejercerán legalmente actividades sustantivas de la sociedad. Se requiere que obtengan la mejor preparación, así sean médicos, contadores, abogados, veterinarios, arquitectos, ingenieros o historiadores, o cualquier otra su profesión, todas sus actividades tendrán implicaciones importantes en la vida social. Si no están bien formados su desempeño será deficiente. La preparación no puede ser la misma bajo la actual dinámica virtual. Ya puede percibirse que la apropiación de contenidos no es la esperada en los estudiantes universitarios.

El cuarto elemento a tomar en cuenta es el conjunto de actividades que constituyen la vida universitaria, más allá de las clases. Ahí están incluidas labores académicas, sociales y deportivas que también son formativas en los jóvenes. Hablo de talleres, conferencias, presentaciones de libros, círculos de lectura, clubs, convivencias, torneos, etc. Todo ello ocurre dentro y fuera de los espacios áulicos. La convivencia, camaradería, compañerismos, identidad y sentido de grupo se forjan ahí.

El quinto elemento es la comunidad de profesores, trabajadores y directivos que constituyen también parte de la comunidad universitaria. Para nadie es un secreto que en muchas de las universidades del país esas plantillas están envejecidas y cunden las ahora llamadas “comorbilidades”, esas que derivaron en miles de decesos a causa de la covid-19. No son pocos trabajadores y profesores universitarios que fallecieron durante toda esta pandemia. Hay en ellos una comprensible reserva respecto al riesgo de volver a las aulas.

Tomando en cuenta todos estos elementos me parece que se impone un análisis serio, mesurado e informado que determine si, en efecto, ya es tiempo de regresar. Lo hemos dicho en este mismo espacio (cuando estaban por reanudarse las clases en el nivel básico), y en ello coinciden especialistas de la salud: la pandemia no se va a terminar en una fecha definida. No podemos esperar que en algún momento se declare, “ayer terminó la pandemia así que todo vuelve a la normalidad”. Eso no va a ocurrir. 

El virus y sus distintas variantes estarán circulando en el mundo durante mucho tiempo; se volverán endémicos; habrá necesidad de mantener campañas de vacunación estacionales y procurar que los servicios de salud estén listos para atender los casos. Pero la caída en la incidencia y la normalización de los servicios médicos son hoy señales a tomar en cuenta para decidir. También lo es el tipo de comportamiento de los jóvenes: convocarlos a clases presenciales implica “sacarlos” de sus casas y sabemos que ya estando afuera harán muchas más cosas que acudir a clase. Se reunirán, organizarán convivencias, se irán a dar la vuelta y ahí podría haber condiciones de mayor riesgo para los contagios. Lo harán muchos de ellos sabedores de que ya están vacunados y que ello garantiza que no terminen en un hospital por covid-19.

Todo ello debe tomarse en cuenta y decidir si ya es tiempo de regresar y bajo qué normas y protocolos.