Por ahí de los 5 años asociaba, por la patriótica formación que recibíamos en el Jardín de Niños, el himno nacional, la bandera, la patria, el ejército.
Se nos inculcaba la romántica idea de que los soldados eran casi todos como los niños héroes, mártires defensores de la integridad nacional y de los valores patrios.
No obstante cuando llegaba a pasar por el cuartel que estaba en mi pueblo, la pinta de los soldados que ahí llegaban o salían, se distanciaba mucho de la imagen de los juveniles cadetes inmolados en 1847.
La posible buena imagen de los soldados de plano se destruyó por completo en 1968, cuando el ejército desató una de las peores represiones que ha habido en nuestro país.
Hay evidencias que aún se pueden ver, donde torvos uniformados humillan, desnudándolos y maltratan, jalándolos del cabello a jóvenes estudiantes que como armas portaban un libro o un cuaderno.
Además de otros Jóvenes que fueron muertos y heridos o desaparecidos.
O los que fueron encarcelados y mantenidos en prisión por varios años, por haber cometido el delito de haber denunciado un gobierno autoritario y represor.
Se ha dicho, en descargo del ejército, que los soldados y sus jefes no son responsables de lo que hacen ya que, se dice, ellos sólo cumplen órdenes.
Lo anterior es parcialmente cierto y nos debiera prevenir contra la tentación autoritaria del régimen donde la disensión se castiga con la violencia en cualquiera de sus variantes.
Sin embargo, también es cierto, que los soldados suelen propasarse en sus encomiendas, las cuales son, en muchos casos, inconstitucionales.
En realidad el ejército en nuestro país ha librado sus mejores batallas contra la propia población.
Y todo lo anterior viene a cuento porque parece que el caso de Tlatlaya recoge las peores prácticas de la milicia: detenciones, tortura y ejecuciones.
Agravadas por la justificación inmediata de los hechos del inefable gobernador de la entidad y sus incondicionales. Sólo Alfa advirtió de la posibilidad de un crimen.
Por ello los diputados si sirvieran de algo, debieran pedir el regreso del ejército a sus cuarteles. Que sólo salgan a ayudar a la población en casos de desastres. Y, eventualmente, si tuvieran que enfrentarse a los marines donde se vería si en verdad cuentan con capacidades como las que exhiben contra personas indefensas.


Síguenos