Los gritos del papá de Rossana se escuchan hasta en las casa vecinas, regaña fuertemente a sus hijos, al parecer les pretende pegar a ella y a su hermana y al hermanito menor.
“¿Por qué no hay un taco, qué no les deje dinero para comprar, chamaca del demonio por qué nunca haces caso, pero ahorita vas a ver por floja y desobediente…?” dice en total estado de ebriedad.
Los vecinos más cercanos al escuchar lo que ocurre, han llegado a la puerta de los cuartos donde viven, está entreabierta, sin temor alguno doña Sofía entra y le dice al hombre que no les pegue a sus hijos, que si sigue van a llamar al DIF para que se los lleve, el hombre parece recuperar la sobriedad.
“No doña, no le diga a nadie, no quiero que nadie se los lleve, son mis hijos, lo único que queda de mi difunta, por favor, sé que estoy haciendo mal, pero ya le voy a parar, se los juro por su santa memoria…”.
Rossana término la escuela primaria, cuando iba en cuarto grado su mamá falleció, su padre no se volvió a casar ni se ha juntado con nadie, los hijos viven solos, no tienen ayuda de los parientes para el cuidado de los tres huérfanos con necesidades de atenciones mínimas, sobre todo del cariño que dan las madres a sus hijos cuando estudian y durante toda la vida.
Desde esos días lamentables, la hija mayor ha sido como una madre para sus hermanos, los baña, los cuida, les prepara incluso la comida cuando no puede el papá hacerlo, se ve que quiere mucho a sus hermanitos, algunas veces se les ve salir de su casa bien arregladitos para visitar a algún pariente, saludan con gusto a las personas que conocen, los tres caminando el sendero que la vida les ha marcado, lamentablemente la niña ya no se inscribió en la secundaria.
Ella dice que término la primaria con buenas calificaciones porque le ayudo mucho su maestra de quinto y de sexto, quienes siempre estuvieron al pendiente de su situación al conocer la historia y las dificultades que enfrentaban.
“Quiero mucho a mi maestra, aun cuando ya no vaya a la escuela siempre me dice que le eche ganas, sin descuidar a mis hermanitos, que de vez en cuando busque a mis tías, las hermanas de mi papá, como mi mamá no era de aquí, pues no sabemos cómo hacerle para que nos ayuden, pero mis hermanos terminaron bien la escuela, ya los inscribimos para el año que inicia, les voy a ayudar mucho en sus tareas, como me dice mi maestra…” señala Rossana.
Es una niña muy inteligente, con un poco de afecto logró sentirse segura en el salón; después de que murió su mamá, pensábamos que no regresaría a la escuela, sin embargo volvió, que difícil es a veces para los maestros dar un poco de afecto a nuestros alumnos, pero en casos tan excepcionales como el de Rossana no lo es, siento que me necesitaba y la veía tan indefensa que empecé a tenerle ternura, luego mucho cariño, asegura la maestra Lucy.
La escuela no es una institución totalmente fría, es para miles de alumnos el único lugar donde pueden recibir un poco de amor y de afecto, con los impactos que esto produce en sus vidas personales, los buenos maestros lo saben y no pocas veces colocan parte de su corazón en los más indefensos, los más vulnerables, los que presentimos que en casa no lo tienen y para ello no se necesitan programas, se requiere de sensibilidad para saber que alumno necesita más a su maestra o maestro.


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