El verdugo
Para Pär Lagerkvist (autor sueco galardonado con el Nobel literario en 1951), la literatura nos sirve para cuestionar la relación entre el bien y el mal, sobre todo vista desde la óptica religiosa –su familia tenía hondas bases cristianas–. En sus principales obras aborda precisamente esta cuestión: “Barrabás”, un relato que nos cuenta la vida de este bíblico personaje tras ser liberado por Pilatos; “El enano”, en donde una suerte de bufón en la Italia renacentista se regodea en la crueldad y la bestialidad del mundo que lo circunda, y “El verdugo”, obra que me gustaría tratar en esta ocasión.
La breve narración inicia en una taberna donde, recluido en un rincón, el verdugo bebe su cerveza sin inmutarse ante las muestras de desprecio de los parroquianos ante sus congéneres (en este caso, hombres de piel oscura). Unos atacan, otros vituperan con muestras de racismo y xenofobia, convocando mientras al verdugo a que se una a ellos, hasta que un arrebato colérico lo saca de su mutismo y decide confrontarlos.
Desde su relativamente apaciguado inicio hasta alcanzar ese clímax apoteósico con el monólogo final del protagonista, esta vigorosa obra nos confronta con las debilidades humanas, con el poder del odio y lo irremediable de una muerte atroz y sinsentido.
La crítica también vio en este relato una clara oposición a los totalitarismos que iban sojuzgando a las naciones europeas (principalmente, el ascenso del nazismo) pero, al final, es una confrontación ante el “supremo creador”, un ser lejano que no se inmuta ante la tragedia terrenal.
Una pequeña, pero gigantesca, obra maestra.


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