Imagen de Julio Cortázar
La atrayente figura de Julio Cortázar mantiene más o menos su estatus de autor memorable, aunque muchas veces se le tacha de mediano por casos como “Rayuela”, una novela que inspira más el amor de los adolescentes que una honda reflexión sobre el devenir humano; sin embargo, gracias a libros como el de Ignacio Solares, “Imagen de Julio Cortázar”, nos damos cuenta de la riqueza argumental, de la trascendencia no sólo de esta novela, sino de muchos otros de sus textos, en particular algunos cuentos, que caben en la clasificación de lo mejor de la literatura latinoamericana.
Solares disecciona distintos ámbitos que permearon la vida y la obra del gran cronopio: su religiosidad (o la ausencia de ésta); su postura política, eminentemente socialista; poesía y magia, o la presencia del Mal (así, con mayúscula) pero, sobre todo, la importancia de la “otredad”, es decir, el desdoblamiento del ser “en otros seres”, volviendo al poeta un demiurgo que se nos presenta en sueños y visiones. A partir de todo esto, Cortázar creó su “ciudad”, un espacio mítico en donde los vasos comunicantes entre lo onírico y lo real se desdoblan, se rompen y se vuelven a anudar desde otra punta, para generar nuevos tiempos y espacios, nuevas circunstancias.
Como dice Gabriel García Márquez en el prólogo, “El libro de Ignacio Solares me ha hecho sentir cuán vivo está Cortázar entre nosotros”, y nos hace ver, sobre todo a los que ya hemos leído algo de este autor, que nos acercamos a su obra con una venda sobre los ojos, ciegos ante el impresionante y maravilloso caudal poético escondido entre los textos cortazarianos. Dan ganas de (re)leer todo Cortázar.


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