Sálvese quien lea

    Cumbres borrascosas Hablar de un clásico como el de Emily Brönte es casi tan complicado como conceder que hasta ahora su humilde servidor haya leído esta titánica novela: ¿qué se podría agregar a los cientos, si no miles, de análisis y reseñas hechos desde mediados del siglo XIX? ¿Valdrá la pena intentarlo, acaso? Pues quiero creer que sí, aun si sólo sirve para que la gente se acerque a leerlo. Si es un hito o no, ya lo decidirá cada quién. Aclaro desde ahora: no me volví devoto ni fan. Reconozco las virtudes de esta narración, y sé
diciembre 4, 2018

 

 

Cumbres borrascosas

Hablar de un clásico como el de Emily Brönte es casi tan complicado como conceder que hasta ahora su humilde servidor haya leído esta titánica novela: ¿qué se podría agregar a los cientos, si no miles, de análisis y reseñas hechos desde mediados del siglo XIX? ¿Valdrá la pena intentarlo, acaso? Pues quiero creer que sí, aun si sólo sirve para que la gente se acerque a leerlo. Si es un hito o no, ya lo decidirá cada quién.

Aclaro desde ahora: no me volví devoto ni fan. Reconozco las virtudes de esta narración, y sé que en su momento revolucionó las buenas conciencias victorianas. Hoy, no obstante, y me apena reconocerlo –nomás tantito, tampoco hay que hacerse la víctima–, atestiguo que era difícil no querer saltar de un quinto piso o cortarse las venas con galletas de animalitos ante semejantes dramones: tanta tragedia consumiendo a cinco o seis personajes sí resultó tedioso e insufrible.

Obviamente, sí creo necesario destacar la capacidad expresiva de Brönte; como dijo Virginia Woolf, “con un par de pinceladas Emily Brönte podía conseguir retratar el espíritu de una cara de modo que no precisara cuerpo; al hablar del páramo conseguía hacer que el viento soplara y el trueno rugiera”; su voz mantiene su cadencia, su nervio portentoso, de principio a fin (y no es una novela corta).

A fin de cuentas, les pido que ignoren el segundo párrafo, y lean a Brönte; sean románticos (en el peor y errado sentido del término) o no, es una catedralota de la literatura universal.

 

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