Vidas cruzadas
La anécdota es por demás singular: en pleno vuelo, de regreso a Estados Unidos, tras visitar tierras italianas (en un frustrado intento de realizar una película sobre Rossini), el director Robert Altman comienza a leer los relatos de Raymond Carver; al aterrizar, Altman sabe que su proyecto cinematográfico está en la escritura del icónico autor, modelo de toda una generación de escritores. Dice Altman: “Raymond Carver hacía de lo prosaico poesía. Un crítico dijo de él que ‘revelaba lo extraño que se oculta tras lo banal’, pero lo que hacía en realidad era captar las maravillosas idiosincracias que se dan dentro de lo azaroso de las experiencias de la vida. Y el comportamiento humano, cargado de todo su misterio e inspiración, me ha fascinado siempre”.
Los nueve cuentos que retomó Altman provienen de tres libros de Carver: “¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?”, “Catedral” y “De qué hablamos cuando hablamos de amor”; “Limonada”, el poema que también sirvió como base para el guion, se extrajo de “Bajo una luz marina”. Todo, prosa y poesía, conservan las maravillosas cualidades que hacen de Carver un autor comparable a Chejov, a Maupassant o a Katherine Mansfield: hablan de cosas simples y cotidianas usando un lenguaje común, pero en realidad logran una cercanía íntima y sublime con el lector.
No sé si ver la película; a lo más que puede aspirar es a no desmerecer el laconismo de Carver. Lo único cierto es que muero de ganas por leer, completos, los tres libros de cuentos y el de poemas. Garantía absoluta.


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