Camino de Los Ángeles
“…un autor vibrante y mayúsculo, quizás el mejor punto de contacto entre Hemingway y Kerouac, Steinbeck y Carver, o Fitzgerald y Bukowski”, falla Leonardo Tarifeño sobre John Fante, ese hijo de inmigrantes italianos que dedicó su vida a la literatura pero sólo halló reconocimiento tras dejar de existir; un autor semiproscrito, relegado en su tiempo, pero que hoy en día goza de notable popularidad. Leí su primera novela, “Camino de Los Ángeles” (aunque fue publicada después de fenecer), para corroborar tal afirmación.
Esta obra es la primera de una tetralogía protagonizada por el álter ego de Fante, Arturo Bandini (como Chinaski, de Bukowski); las demás novelas son “Espera a la primavera, Bandini”, “Pregúntale al polvo” y “Sueños de Bunker Hill”. En esta fase inicial del iniciático viaje (valga la redundancia), Bandini, un joven rebelde, irreverente e iconoclasta, vive con su madre y su hermana, dos cuasibeatas. Vagando de empleo en empleo, visita la biblioteca y lee a los grandes filósofos, a la par que se obsesiona por las mujeres en revistas porno; alardea de su sesudo conocimiento y de su engrosado lenguaje mientras escribe la que sería su primer gran obra maestra.
No es una novela sin parangón, pero, para ser su primera, es notable el manejo del lenguaje y de los personajes, donde una anécdota crea y recrea lo mejor de un estilo. Un autor que no debemos dejar pasar. Podemos concluir, como apunta Juan Manuel Gómez, que “Ciertamente sus historias tienen una fuerza brutal que sacude al lector”.


Síguenos