La tumba
La novela inicial de José Agustín, la ficción iniciática mexicana por excelencia, cumple sus primeras cincuenta primaveras: precursora de los desmanes ochenteros de Bret Easton Ellis, sucesora de la indiferencia icónica y la transgresora porfía de Holden Caulfield en “El guardián entre el centeno”, “La tumba” es todo un hito en las letras nacionales: una novela que vino a romper los esquemas postrevolucionarios o el dandismo “contemporáneo” en que estaba inmersa la literatura al sur del Río Bravo.
Sucinta, acrisolada, “La tumba” inauguró “la novela generacional”: escrita cuando su autor contaba apenas los 16 años, avalada por Juan José Arreola, esta obra abrió el camino a muchos escritores que deseaban desligarse de los imperativos literarios que categorizaban la narrativa sesentera.
Uno recuerda con aprecio aquellas novelas que realmente marcaron su vida (así sea sólo en el ámbito literario), y desde luego que “La tumba” es una de ellas; como señala acertadamente Carlos Velázquez en el prólogo preparado para la edición conmemorativa del quincuagésimo aniversario de esta obra: “Conforme uno se consagra como lector va cosechando autores e influencias. Lo mismo sucede con los consumidores de rock. A algunas obras regresamos por nostalgia, otras las olvidamos. O quedan sepultadas bajo la ingratitud del tiempo. Sin embargo, existen aquellas que resisten el paso del tiempo. Que nunca envejecen. “La tumba” pertenece a esta denominación. No importa cuánta cultura musical atesoremos durante nuestra existencia, nunca dejaremos de escuchar a los Beatles. Lo mismo sucede con José Agustín, su obra siempre ocupará un lugar insobornable en nuestro corazón”.


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