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  Reino eterno La ciencia ficción y la literatura fantástica cubana no son elementos que permeen abundantemente los escaparates de las librerías; no obstante, sí son una fuente fecunda y abundante. Basta simplemente acercarse a “Reino eterno. Cuentos de fantasía y ciencia ficción”, una antología preparada por Yoss. Catorce cuentos aparecen en este libro, realizados por sendos autores jóvenes –“Reino eterno” fue publicado originalmente en 1999, año en que las edades de los narradores oscilaba entre los veintidós y los treinta y nueve años–, algunos inéditos, otros ya con una cuantiosa y reconocida obra. Escribieron Josefina Pacheco y Alberto Chimal,
abril 5, 2017

 

Reino eterno

La ciencia ficción y la literatura fantástica cubana no son elementos que permeen abundantemente los escaparates de las librerías; no obstante, sí son una fuente fecunda y abundante. Basta simplemente acercarse a “Reino eterno. Cuentos de fantasía y ciencia ficción”, una antología preparada por Yoss.

Catorce cuentos aparecen en este libro, realizados por sendos autores jóvenes –“Reino eterno” fue publicado originalmente en 1999, año en que las edades de los narradores oscilaba entre los veintidós y los treinta y nueve años–, algunos inéditos, otros ya con una cuantiosa y reconocida obra.

Escribieron Josefina Pacheco y Alberto Chimal, durante la VI Semana Fantástica de La Habana, en noviembre de 2000, que los textos “se acerca a la ciencia ficción, fantasía heroica, literatura dark de casi toda América Latina. Nacida del romanticismo, de la space opera, del cyberpunk, incluso de la narrativa latinoamericana general por la vía de Borges, Rulfo o Cortázar, es una narrativa frecuentemente tachada de escapista e ignorada por los ámbitos académicos, pero, curiosamente, es también una de las pocas literaturas verdaderamente fieles a la realidad. Sabedora de su condición periférica en la literatura, refleja la condición subalterna de México, Cuba, Panamá, Venezuela, Argentina […]. Pero no se pliega a escribir lo que se espera de ella en Europa o los Estados Unidos; en cambio, reclama las preocupaciones de la ciencia ficción norteamericana, el lenguaje del cyberpunk y la inspiración medieval de la fantasía heroica”.

Agrupados en tres vertientes (“Fantasía heroica”, “La otra fantasía”, aquella “donde la imaginación, sin referirse a reinos feudales ni imperios galácticos –dice Yoss en el prólogo–, busca sus propios caminos”, y “Ciencia ficción”), estos relatos son buena muestra de una producción interesante y circundante.

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