Sálvese quien lea

Tequila, DF Fabrizio Mejía Madrid es posiblemente la pluma más conocida de la crónica en el México del nuevo siglo. Autores como Carlos Monsiváis, Vicente Leñero y Elena Poniatowska así lo confirman. No obstante, también recurre constantemente a la narrativa, pues ha publicado relatos y novelas, como la que hoy nos convoca: “Tequila, DF”. En esta narración, Mejía Madrid sigue la famosa construcción empleada por Ryunosuke Akutagawa en “Rashomon” o el mismísimo Lawrence Durrell en su “Cuarteto de Alejandría”: contar la misma historia desde distintos ángulos, agregando o modificando datos, fechas o acciones. Así, conoceremos la historia de Javier Venegas
junio 10, 2017

Tequila, DF

Fabrizio Mejía Madrid es posiblemente la pluma más conocida de la crónica en el México del nuevo siglo. Autores como Carlos Monsiváis, Vicente Leñero y Elena Poniatowska así lo confirman. No obstante, también recurre constantemente a la narrativa, pues ha publicado relatos y novelas, como la que hoy nos convoca: “Tequila, DF”.

En esta narración, Mejía Madrid sigue la famosa construcción empleada por Ryunosuke Akutagawa en “Rashomon” o el mismísimo Lawrence Durrell en su “Cuarteto de Alejandría”: contar la misma historia desde distintos ángulos, agregando o modificando datos, fechas o acciones. Así, conoceremos la historia de Javier Venegas (“un poeta maldito perdido entre las olas del resentimiento contracultural y de la inventiva esotérica”, dice Christopher Domínguez Michael), un personaje idiosincrático a más no poder: misántropo, frenético, ideático, desde cuatro puntos de vista distintos: el del propio Venegas, obsesionado con su hermano y con su propia poesía –se autodefine como “el único poeta vivo”–; el de su amigo Ugalde, compinche de borracheras y de su poesía experimental y contracultural; el de Nadia, su exmujer, quien puede aseverar o refutar lo dicho sobre el poeta; y el de Mejía, un periodista que funge como “testigo literario”, y que busca contar la verdadera historia del “Poeta Póstumo”.

Desde luego, cada punto de vista es construido de forma distinta; las voces van del lirismo a la crónica, de la visceralidad a la probidad, lo que crea una interesante amalgama.

Sin ser una gran obra, “Tequila, DF” es una novela lo suficientemente atractiva como para leerla de principio a fin sin perder el hilo o la tensión (y la atención, claro).

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