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El rey se muere Desde el estreno –en mayo de 1950– de su primera obra teatral, “La cantante calva”, Eugène Ionesco cimbró los escenarios franceses y, más tarde, los del mundo entero. Junto con Samuel Beckett, es miembro primordial de lo que se ha denominado teatro del absurdo: piezas teatrales reaccionarias, que buscaban sesgar el convencionalismo que imperaba desde las vanguardias. Su postura rompía con la lógica y la naturalidad, destrozaba la cotidianidad a base de diálogos que destacan por su comicidad y su irreverencia. Y “El rey se muere” (obra de 1962, la cual marca la separación entre los
diciembre 10, 2017

El rey se muere

Desde el estreno –en mayo de 1950– de su primera obra teatral, “La cantante calva”, Eugène Ionesco cimbró los escenarios franceses y, más tarde, los del mundo entero. Junto con Samuel Beckett, es miembro primordial de lo que se ha denominado teatro del absurdo: piezas teatrales reaccionarias, que buscaban sesgar el convencionalismo que imperaba desde las vanguardias. Su postura rompía con la lógica y la naturalidad, destrozaba la cotidianidad a base de diálogos que destacan por su comicidad y su irreverencia. Y “El rey se muere” (obra de 1962, la cual marca la separación entre los dramas primeros, pensados para teatros pequeños, y sus trabajos posteriores, escritos para una escala mayor) destaca entre lo mejor de su producción.
En esta pieza teatral conoceremos al rey Berenguer quien, casado en segundas nupcias con la joven reina María, sigue conviviendo con la exregenta, Margarita. Este monarca ha tenido una vida de excesos, los cuales le pasan factura aunque él, renuente, se mofa y los ningunea: duda de su propia mortalidad y explícitamente la rechaza, irredento, bufonesco, hasta que los achaques se hacen tan manifiestos que la “realidad”, la “vigilia”, lo someten. Desde luego, los irracionales soliloquios son en realidad una reflexión sobre los horrores del mundo –especialmente perseverados por la posguerra– y sobre la propia mortalidad de Ionesco; son una mirada al abismo desde la frugalidad de la existencia.
Un autor cuya exposición de “la ridícula existencia humana y la incapacidad de comunicación entre las personas” lo vuelve un escritor de culto, que debe figurar entre lo más alto del teatro universal.

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