Sálvese quien lea

La amortajada Aun con una producción narrativa casi tan escueta como la de nuestro Rulfo –sólo dos novelas cortas y cinco cuentos–, María Luisa Bombal es una de las más importantes escritoras latinoamericanas pues, como afirma Carolina Melys, “Es un hecho que en el entramado en que se anudan su obra y su vida, aparece una voz particular, íntima y despojada de artificios; una escritura calculada, pero sutil. Además, de una personalidad espontánea y sin reservas, con sentido del humor y tremendamente aguda”. En esta ocasión deseo hablar de su segunda –y última– novela, “La amortajada”, de la cual Borges
febrero 11, 2018

La amortajada

Aun con una producción narrativa casi tan escueta como la de nuestro Rulfo –sólo dos novelas cortas y cinco cuentos–, María Luisa Bombal es una de las más importantes escritoras latinoamericanas pues, como afirma Carolina Melys, “Es un hecho que en el entramado en que se anudan su obra y su vida, aparece una voz particular, íntima y despojada de artificios; una escritura calculada, pero sutil. Además, de una personalidad espontánea y sin reservas, con sentido del humor y tremendamente aguda”.

En esta ocasión deseo hablar de su segunda –y última– novela, “La amortajada”, de la cual Borges afirmó que era un “libro de triste magia, deliberadamente ‘surannée’, libro de oculta organización eficaz, libro que no olvidará nuestra América”, y del cual el propio Rulfo afirmaría, durante un encuentro que sostuvo con Bombal, que la lectura de dicha obra había inspirado “varias calles de Comala”.

La historia nos presenta a Ana María (precisamente, la mujer de la mortaja) quien, desde su cuerpo ya fenecido, comienza a narrarnos los pormenores de su existencia, su relación con los distintos actores que hacen acto de presencia en su funeral: un exnovio, con quien engendró una nueva vida, para después perder el producto en un accidente; el marido, con el cual se casó por una suerte de despecho y desilusión; los hijos, a quienes no supo brindarles el cariño maternal; el sacerdote, que reconoció en la devoción ulterior de Ana María la falta de entrega para con el Creador…

Un relato escrito con maestría y solvencia, a medio camino entre lo real y lo fantástico, lo onírico y lo poético.

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