Sálvese quien lea

Los amigos de mis amigos El talento de Henry James es incuestionable. No importa el género que haya cultivado, en todos demostró ese talante adusto y sobrio que lo caracteriza, la profundidad psicológica de los personajes creados y su notable estructuración de argumentos profundos y ontológicos; todo embadurnado, desde luego, por el gran dominio del lenguaje que tenía. Incluso en su relatos “sobrenaturales”, como los que aparecen en la antología “Los amigos de mis amigos”, publicada por Siruela y traducidos por María Luisa Balseiro. Apenas cuatro cuentos componen este libro, de una índole diversa aunque, en el fondo, todos refieren
mayo 6, 2018

Los amigos de mis amigos

El talento de Henry James es incuestionable. No importa el género que haya cultivado, en todos demostró ese talante adusto y sobrio que lo caracteriza, la profundidad psicológica de los personajes creados y su notable estructuración de argumentos profundos y ontológicos; todo embadurnado, desde luego, por el gran dominio del lenguaje que tenía. Incluso en su relatos “sobrenaturales”, como los que aparecen en la antología “Los amigos de mis amigos”, publicada por Siruela y traducidos por María Luisa Balseiro.

Apenas cuatro cuentos componen este libro, de una índole diversa aunque, en el fondo, todos refieren elementos más o menos fantasmagóricos. El primero, “La vida privada”, además de lo fantástico (en un tema ya abordado por grandes maestros como Poe, Papini y Stevenson: el doble), nos adentramos en una sátira del mundo de la farándula y sus excentricidades. “Owen Wingrave” celebra las tradiciones épicas de una condecorada familia dedicada desde tiempo atrás a la vida marcial, no sin antes maravillarnos con inquietudes espectrales. “Los amigos de los amigos”, relato melancólico y misterioso sobre el amor y sus posibilidades (o imposibilidades), tanto aquí como en el más allá. Por último, “La humillación de Northmore” que, para Jorge Luis Borges, es el relato mejor logrado de James y constituye “la crónica de una paciente venganza, tanto más atroz cuanto que ignoramos su última realidad”.

Henry James enmarcaba estos relatos en el ámbito del “relato de fantasmas”, el mejor lugar donde lo “asombroso” y lo “maravilloso” atraían la atención del lector. Y muy logrados, cabría añadir. Una excelente edición.

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