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El hombre que parecía un caballo y otros cuentos Gustavo Martínez Nolasco definió a “El hombre que parecía un caballo y otros cuentos” como “el libro más raro, con alturas delirantes, de toda la bibliografía de Centroamérica”; la verdad desconozco si es así (pecaría de mitómano si afirmara conocer todos los libros centroamericanos), pero de que esta “rara avis” es una verdadera joya de la profundidad psicológica literaria, con un altísimo empleo de la fantasía, no hay ninguna duda. Rafael Arévalo Martínez, su autor, es uno de los escritores guatemaltecos más reconocidos, particularmente por este libro, en el cual, según
junio 3, 2018

El hombre que parecía un caballo y otros cuentos

Gustavo Martínez Nolasco definió a “El hombre que parecía un caballo y otros cuentos” como “el libro más raro, con alturas delirantes, de toda la bibliografía de Centroamérica”; la verdad desconozco si es así (pecaría de mitómano si afirmara conocer todos los libros centroamericanos), pero de que esta “rara avis” es una verdadera joya de la profundidad psicológica literaria, con un altísimo empleo de la fantasía, no hay ninguna duda.

Rafael Arévalo Martínez, su autor, es uno de los escritores guatemaltecos más reconocidos, particularmente por este libro, en el cual, según Francisca Noguerol, crea “un universo estético íntimo y onírico, en el que la fantasía juega un papel fundamental. Sus imágenes visionarias, la importancia que concede al subconsciente como método del conocimiento y su empleo del grotesco, el absurdo y el feísmo, lo acercan ya al surrealismo y a la estética expresionista”. No en balde, la crítica especializada compara el “manejo de la fantasía” de Arévalo Martínez con el de Cortázar, Carpentier, Bioy Casares y el propio Borges.

Los cuentos que aparecen en el libro son denominados “piscozoológicos” por presentar una visión psicológica de los personajes comparándolos con diferentes animales; así, en el primero, que da título a la obra, el hombre tiene la impostura de un equino. En otro, el protagonista se asemeja a un fiel y juguetón perro; también hay una mujer esfinge, “con cuerpo de león y cabeza de mujer”, un hombre con la pureza “de una serpiente”…

Textos formidablemente originales, antecesores del surrealismo y la literatura del absurdo, que –de nuevo dejo hablar a Noguerol– “constituyen piezas clave para entender el paso del modernismo a  las vanguardias en las primeras décadas de nuestro siglo”.

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