En prácticamente todas las sociedades contemporáneas del mundo existe un segmento de la población cuya vida está basada en la idea del ascenso futuro, en la movilidad social, en “salir adelante”, lo cual implica dejar de ser “del montón” y “ser alguien” en la vida. Así es, esa parte de la población aspira a diferenciarse de la mayoría y que los demás reconozcan esa diferencia, misma que está basada en la preparación académica, el desarrollo profesional, la adquisición de bienes que dan prestigio y un “estilo de vida”. Estamos hablando de la clase media.
Es un concepto que muchas veces se piensa desde la economía (dime cuánto ganas y te diré a qué clase perteneces), pero que también tiene que ver con la sociología y la psicología, con el tipo de mentalidad y la forma de vivir la vida. Mucha gente se auto-adscribe a la clase media, no tanto por cuánto gana sino por cómo vive (o aspira a vivir). Y el parámetro con el que se compara para pensarse a sí mismo es con las clases populares. Los valores de la clase media se encaminan a la adopción de un estilo de vida distinto al de las clases populares (e implícitamente de aproximación a las clases altas, que se convierten en modelo de adopción de comportamientos, toda vez que anhelan pertenecer a este grupo).
Casi todos los gobiernos en el mundo han hecho una apuesta por “sacar a la gente de la pobreza”; en todas partes se ponen en marcha programas que buscan ese objetivo a través de medios como acceso a la educación, a servicios de salud, a mejor alimentación, a más altos ingresos y cosas por el estilo. Pero esta semana la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (conocida por sus siglas como OCDE) dice que los gobiernos “tienen que hacer más esfuerzos para apoyar a los hogares de clase media, con dificultades para mantener su peso económico y estilo de vida”.
Esto lo ha dicho al presentar un estudio que se titula “Bajo presión: la reducción de la clase media”. En dicho documento advierte que entre los 35 países que pertenecen a la OCDE y de los que se disponen datos, la clase media se ha reducido. Atribuye este fenómeno a que el costo del estilo de vida de la clase media ha crecido más que la inflación. Dicho en otras palabras, cada vez están más caros los autos, las viviendas, los viajes, las escuelas privadas, la comida en los restaurantes, la telefonía, la televisión de paga, la ropa de marca, los accesorios suntuarios y ese tipo de cosas que se corresponden con el “estilo de vida” de la clase media.
La anterior situación está llevando –advierte el informe– a que muchos hogares de clase media se endeuden para mantener su estilo de vida. ¿Pero y cuánto es necesario gastar para acceder a dicho estilo de vida? Esa cifra varía de un país a otro, pero puede corresponderse con la fórmula: ganar al menos 75% del ingreso promedio en cada nación, o cuando mucho dos veces ese ingreso. En México eso equivale a contar anualmente con 73,000 o cuando mucho 185,000 pesos. Pero para ser parte de la clase media en Luxemburgo se necesita poder gastar como mínimo 490,000 pesos. Según los cálculos de la OCDE, una persona podría vivir como clasemediero en la mayoría de sus países miembros con unos 23,000 dólares al año (como 430,000 pesos).
Si consideramos estas cifras, una familia de 4 integrantes en México debe tener ingresos anuales cercanos a los 300,000 pesos para mantener un estilo de vida de clase media. Realmente es un porcentaje muy bajo de familias del país el que alcanza esos niveles de ingresos, pero son muchos más los que se consideran de clase media. De hecho algunos estudios hechos con anterioridad dicen que en Italia, México y la India es mayor el número de personas que se consideran de clase media independientemente de sus ingresos.
Pertenecer a la clase media se puede resumir en la frase “no se es ni rico ni pobre”, pero es un hecho que un clasemediero no quiere ser pobre y sí quisiera ser rico; sus esfuerzos se encaminan a ello. Pero la mala noticia que da el informe de la OCDE es que a las nuevas generaciones (a los milenials) les está costando cada vez más trabajo. La inestabilidad laboral, la precarización del empleo, la demanda de mayor preparación, entre otros factores, están contribuyendo a que los jóvenes la vean más cuesta arriba cuando se trata de sostener un estilo de vida marcado por el consumo que haga diferencia respecto de la mayoría.
También debe considerarse que la recomendación de la OCDE no es ajena al hecho de que muchos mercados globales pueden contraerse en la medida que se achica la clase media en el mundo, pues el consumo es el principio básico de este estilo de vida y si no hay dinero para consumir, pues hay menor actividad económica.


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