Pasar de la simple alternancia -ya experimentada con desilusionantes resultados- al auténtico cambio de régimen que privilegie el beneficio colectivo sobre los intereses de las élites, es el mayor reto del Estado de México para este 2019. Salir de la retaguardia para colocar a esta sociedad en la vanguardia mexicana, donde siempre debería estar.
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Políticos pequeños, de perfiles intelectuales y éticos muy menores, se han aprovechado para colarse camuflajeados en la corriente nacional de cambio. Su pasado los condena, embusteros muchos de ellos que pretenden lavarse la cara con la Cuarta Transformación. No todo lo que brilla es oro, el pragmatismo de la lucha electoral indujo a Morena a abrir su puertas a lo mejor y lo peor. La sociedad tendrá que pagar el costo ahora con esos canallas que empoderó en su desesperación.
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Como nunca, el Poder Judicial se ha instalado en la conversación social de los mexiquenses, el desempeño de jueces y magistrados por fin tiene la atención de la gente enganchada con el tema de los salarios. El magistrado presidente, Sergio Medina, tiene e ante sí una posibilidad de oro para trascender como un gran reformador, ojalá no la desaproveche, estos son tiempos para la grandeza. A él tocará preparar el cambio.
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Ex gobernadores, diputados y ex diputados, ex secretarios del gabinete, jefes en activo y retirados, líderes de partidos u organizaciones sociales, alcaldes de ayer y hoy, todos metidos en el negocio de la venta de combustibles Hoy sudan frío al saberse vulnerables frente a las investigaciones y desenmarañamiento de la redes del huachicol. El fin del pacto de impunidad los ha expuesto.
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La sobriedad y humildad con las que Delfina Gómez ejerce el cargo de delegada para los Programas de Desarrollo del gobierno federal en el Estado de México -superdelegada la llaman despectivamente sus adversarios-, son dignas de reconocimiento como una mejor forma de ejercer el poder que debería establecerse como la regla y no la excepción.


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