Triste, muy triste, que la precarización salarial no forme parte de la conversación social, política ni económica. La gente se ha acostumbrado a malvivir, a conformarse con poco, aunque no alcance para satisfacer ni sus necesidades básicas. Trabajan mucho y fuerte y no alcanza el dinero para terminar la quincena. Esa es la verdadera desgracia nacional, de la que no se habla por estar distraídos, anestesiados, en otras cosas, muchas veces sandeces.
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En el Estado de México, de acuerdo con el registro de enero de la subsecretaría de Empleo y Productividad Laboral, hay 304 mil 604 desocupados, cantidad un poco más alta que la de diciembre, que cerró ligeramente por debajo de los 300 mil. La tasa de desempleo se sitúa en 4.1 por ciento, por encima de la media nacional de 3.4 por ciento. No estamos tan mal, pero sí muy lejos de estar bien. Hasta ahora las políticas públicas para el desarrollo económico son poco conocidas y, por lo que se ve, muy poco eficaces. “Es la economía, estúpidos”, Clinton dixit.
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Tan preocupante, o más que la cantidad de desempleados, es que la mayor fracción de la fuerza laboral mexiquense -alrededor de 43 por ciento- tiene salarios menores a 200 pesos por día. Es incomprensible que la producción de la segunda economía del país esté soportada en buena medida por 4 millones de hombres y mujeres, quienes de la riqueza generada sólo reciben 6 mil pesos o menos al mes para comida, vivienda, educación y salud. Es atroz.
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Sólo una capa muy delgadita de la sociedad, integrada por 41 mil 300 personas, alcanza salarios de mil pesos al día, el equivalente a 50 dólares norteamericanos, lo que no cubre ni el mínimo legal de allá. Estamos francamente jodidos y lo más lamentable es que no se asume como un problema urgente de solución. Mientras así sea, el cambio político de poco o nada servirá.
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Por lo que se ve, parece que a la presidenta del PRI le ha caído el veinte y se ha puesto las pilas para intentar la reconstrucción de su partido, que aquí no está tan mal como en otros lados, sigue en el poder y es la segunda fuerza electoral. Rápido, Alejandra del Moral pasó de figura decorativa a líder proactiva, se nota de inmediato. Estatutariamente, le quedan poco más de 6 meses, en el entendido de que debe haber relevo en octubre, pero parece que ha decidido no perder más tiempo para colocar las bases que servirán para que el PRI no sea arrasado y dé la pelea en la intermedia de 2021. La arrogancia morenista, que sigue embriagada por el arrollador triunfo de Andrés Manuel, le da una buena oportunidad.


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