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Unas cuantas familias metidas en la política controlan la distribución de gas doméstico en el Estado de México
agosto 16, 2021
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New York City.- Si aquí hay una emergencia sanitaria por pandemia, no se nota. Todos los signos en la ciudad son de aparente normalidad. Las calles llenas, los restaurantes, las tiendas, el transporte. Las malas noticias que genera la covid son marginales en los medios de comunicaciones. Los puntos de vacunación y pruebas para verificar contagios están vacíos. La vida sigue, con penas y problemas, pero continúa.

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Morena no puede seguir desentendiéndose de su responsabilidad por el desastre de gobiernos que instaló en Zinacantepec, Toluca, Metepec, Naucalpan. La destrucción del bienestar que ha provocado su incompetencia y/o corrupción es devastadora y tendrán que pasar décadas para recuperarse. A todos esos alcaldes, hay que decirlo, lo impulsó el senador Higinio Martínez, él mismo no se cansó de presumirlo. Este nuevo partido que prometió cambiarlo todo, en la experiencia mexiquense resultó un chapuza un engaño para preservar con artimañas el statu quo.

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Unas cuantas familias metidas en la política controlan la distribución de gas doméstico en el Estado de México, al menos un par operan con métodos gansteriles de crimen organizado que goza de la protección institucional. Han acumulado fortunas a costa de los bolsillos de las familias mexiquenses y se sentían intocables. Ahora, están que trinan porque su negociazo está en riesgo. Uno de ellos, quizá el más beligerante, tiene una relación familiar directa nada menos que con el empresario Carlos Peralta, padre del secretario de Desarrollo Económico.

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Si al presidente de Morena le preguntaran con cuál de los aspirantes mexiquenses tiene una buena relación política, con honestidad deberá responder que con la secretaria de Educación, Delfina Gómez, de quién fue vocero en la elección de 2017 y que le sirvió de plataforma para ascender hasta donde está ahora. Mario Delgado es delfinista, pero en política, habría que recordar, no hay irreductibles.

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Enrique Vargas deberá mantener bien abiertos los ojos y empezar a identificar a sus enemigos, que sus adversarios tienen bien claro quiénes son. No habrá momento de aquí hasta el 2023 que no sea centro de acusaciones fundadas o no. El reciente escándalo sobre su rancho es solo una pequeña muestra de lo que se le viene. Debería organizar una mejor defensa.

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