Ni dos años tiene la élite política mexiquense en el gobierno federal y el país ya está de cabeza. “Grupo Atlacomulco”, “Golden Boy´s,” cómo quiera llamárseles, es lo de menos, son aquellos que aquí, arrasando, aprendieron todas las mañanas a lo largo de décadas y décadas en que se han transmitido por generaciones el control del Estado de México que, estoico, los ha aguantado por más de 70 años.
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Arturo Beltrán Leyva asistía regularmente al SPA del Hotel Ixtapan. La masajistas todavía recuerdan sus generosas propinas en dólares. Fue tanto su gusto por las aguas termales, el cálido clima y la medicina alternativa del municipio, que decidió vivir temporalmente allí cuando se suponía que toda la policía del país andaba tras de él. Arturo rentó una enorme residencia en el Country Club Gran Reserva, si allí mismo donde toda la élite, empezando por el entonces gobernador en turno, Enrique Peña y su antecesor Montiel, tenía casa de descanso. Todo mundo lo sabía, pero todos hacían como que no pasaba nada. Desde entonces, Ixtapan de la Sal ha sido territorio narco, ya sea seguro refugio o para la siembra de amapola en sus prodigiosas tierras.
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Con “El Barbas” como residente ocasional de Ixtapan llegaron sus grupos de seguridad que quedaron en vigía permanente. “La Barbie” estableció al menos tres casas de seguridad para sus sicarios “Los Pelones”, fue así que dos de los principales operadores del capo, los hermanos Pineda Villa, “El Borrado” y “El MP”, se interesaron por el territorio. Fue después que los también hermanos Casarrubias, Mario y Sidronio, principalmente, al separarse de la “Familia” pidieron el apoyo de los Pineda para entrar a Ixtapan.
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El asesinato del alcalde, Salvador Vergara, se da precisamente por la disputa territorial entre “La Familia” y “Guerreros Unidos”. El “Pony” José María Chávez Magaña y su gente controlaban Coatepec Harinas, Sidronio y Mario Casarrubias en Ixtapan, ambos bandos querían el dominio total para siembra de amapola. Toda esa información la tuvo en sus manos el entonces procurador de Justicia, Alberto Bazbaz, pero decidió ignorarla. En Ixtapan, la tierra preferida de recreo de Enrique Peña y la élite, el narco esta metido desde hace casi una década, su infiltración es tanto o más profunda que en Iguala, pero nadie dice nada en el juego de las simulaciones.


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