Administrar bien al Estado de México cada vez es más complicado, parecería que casi imposible. El gigantismo que padece, la disputa política, los intereses económicos, el déficit ético y la ausencia de identidad, entre otros factores, lo hacen muy difícil. La perturbadora cifra de 302 mil millones de pesos de presupuesto para el año siguiente, de los cuales poco más de la mitad -alrededor de 152 mil millones- serán solo para pagar salarios y gastos operativos, lo dice casi todo. Sin exagerar, estamos muy cerca del colapso, la necesidad de una refundación es obvia y urgente.
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Sería muy interesante conocer la opinión del secretario de Finanzas, Rodrigo Jarque, formado en los humores del neoliberalismo, sobre los planteamientos del presidente López Obrador en su nuevo libro “Hacia una nueva economía moral”, que podría considerarse el catecismo de la 4T. ¿Hacia dónde?
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La relevancia de Jarque en el gobierno delmacista es cada vez más notoria. Distinguirlo como orador oficial en la ceremonia del aniversario de la Revolución, es una más de las muchas señales del papel protagónico que tiene, haciéndole camino para combinar las labores tecnocráticas con actividades políticas. En la aprobación del presupuesto 2020, el joven secretario encargado de la tesorería estatal tiene la oportunidad de ganar un bono más de confianza de su jefe. Él es quien conduce la negociación con los diputados para lograr un acuerdo positivo. Todo hace preveer que conseguirá pasarlo con cambios menores.
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La ficha de cambio de la bancada mayoritaria de MORENA para aprobar el presupuesto serán las asignaciones y transferencias a los municipios donde es gobierno. Quid pro quo. El problema mayor no es el de llegar a acuerdos entre los Poderes Ejecutivo y Legislativo, sino en alinear los intereses disímbolos de los legisladores morenistas.
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No es por amargar las fiestas navideñas con preocupaciones, pero 2020 pinta muy complejo para el país en general, pero en particular para el Estado de México. La inversión pública no será suficiente para reactivar a la economía, pero tampoco se ve claridad en la inversión privada. ¡Amárrense los cinturones y muerdan el suéter!


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