Algo debe estar muy mal en cualquier país en el que el más modesto de los representantes populares, como pudiera ser el regidor del algún ayuntamiento, gana más y vive mejor que la mayoría de la población. Los más modestos, de municipios chicos, se llevan con prestaciones y bonos 35 mil pesos mensuales; los de las grandes urbes hasta 160 por mes. Gobiernos y gobernantes ricos, con sociedades e individuos pobres. Por eso pelean un cargo como perros por un hueso, no es el servicio público, sino lo que pueden sacar de él. Es la quiebra moral absoluta de la clase política.
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Es un absurdo que la mayor parte de los recursos públicos en los municipios, más del 50 por ciento, se use para pago de salarios y servicios. De cada 10 pesos del presupuesto de los ayuntamientos, al menos 5 se los llevan a sus casas vía salarios y prestaciones los alcaldes, síndicos, regidores y toda la burocracia, alta, intermedia y baja. Por eso no hay en todo el Estado de México una sola ciudad o pueblo funcional, preservado, moderno y bello.
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Faltan 51 días para las votaciones y empieza a calentarse el estado. Hay indicios claros de cómo paulatinamente se enrarece el ambiente. El crimen está desatado y la violencia repunta con secuestros, violaciones, robos y asesinatos a diario. En las últimas 36 horas se han contabilizado, sólo en lo medios de comunicación, más de 16 horrendos homicidios. Los radicales estudiantes de la normal rural de Tenería han entrado una vez en acción en justo reclamo por el esclarecimiento de la desaparición de 43 compañeros de Ayotzinapa. En Naucalpan elementos del cuerpo policiaco en paro. En el sur, el asesinato de dos marinos. En Atenco toman la presidencia municipal. Y eso es sólo un atisbo, una pequeña parte de lo que sucede y trasciende a la prensa. Y lo peor, parece, está por venir. ¿Y donde esta el secretario General de Gobierno?


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