Alejandro Peña Pretelini, el mayor de los hijos varones del presidente, piensa dedicarse a la política, como su padre. Recientemente convocó a una reunión privada a muchos de los hijos de los hombres de poder en el gobierno federal y estatal. Fue más que una inocente fiesta de adolescentes, parecía más un cónclave de lo que el propio Alejandro llamó “la nueva generación que se esta formando para tomar, en el futuro, el control del país”. No hay que perderlos de vista.
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Para entender de que tamaño es el negocio de las autopistas de cuota que se entregaron en concesión a la española OHL en el Estado de México y otras entidades, en ningún otro lugar como aquí, en el primer trimestre del año obtuvo ingresos por casi mil 200 millones de pesos, de acuerdo a su más reciente informe. Una fortuna que en pocos lugares del mundo se puede levantar con tanta facilidad y en tan corto tiempo. Pero lo mejor para OHL está por venir, la previsión de crecimiento en sus ganancias es de casi 10 por ciento anual.
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El cambio en la titularidad de la Comisión Estatal de Seguridad, no fue más que anecdótico. La policía no ha mejorada nada, es exactamente la misma con los mismos niveles de eficiencia. Una sola acción brillante o destacable no ha logrado desde que llegó Eduardo Valiente. La inseguridad y la violencia continúan igual. Ahora sí que valiente cambio.
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Si el llamado clan de los “pitufos” del betetismo es considerado paradigma de la corrupción, en el actual gobierno van que vuelan para destronarlo. La robadera en algunas áreas de la administración estatal es de antología, obscena. No hay día en que funcionarios ladrones se compren casas, terrenos, departamentos, vehículos de lujo o que monten con socios o testaferros algún negocio turbio. Se están hinchando, son voraces. El saqueo es de tal proporción que no lo pueden ocultar.


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