Las cosas en el Estado de México están mal, muy mal. Eso lo saben los banqueros, sus principales acreedores, y han prendido las alarmas. La mayoría de los indicadores económicos, que continúan a la baja, documentan el fracaso del actual gobierno. La contracción del PIB estatal es lamentable, durante la gestión de Eruviel solo ha crecido un promedio de 1.9 por año, por abajo del 2.5 de la media nacional, el año pasado fue pésimo, apenas un punto cuando el país creció 2.1. En otras palabras, la economía se ha desacelerado en el peor momento, por eso no hay empleos suficientes ni bien pagados, el consumo se ha deprimido y las conductas delictivas aumentado. La expectativa de crecimiento de este año es deprimente, si bien nos va 1.8 por ciento.
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Eso no es todo, de acuerdo al más reciente análisis sobre la situación regional de Estudios Económicos de BANAMEX, en el primer trimestre de este año, la industria manufacturera estatal, la mas importante del sector nacional, retrocedió 2.4 por ciento y la de la construcción 1.2 por ciento.
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El análisis de BANAMEX es contundente, en esas razones se encuentra la explicación a que en el mandato de Eruviel se hayan producido un millones 577 mil pobres más, que 49.6 de la población total no alcance lo mínimos niveles de bienestar.
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Las malas noticias no paran. El Estado de México se colocó en el deshonroso primer lugar nacional en homicidios. Entre todas las entidades de la República, es en ésta donde mas gente muere de manera violenta, mil 173 asesinatos nada mas de enero a junio.
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Erasto Martínez es para Eruviel, lo que Luis Miranda para Peña. Le rinden todos los secretarios, diputados, alcaldes y alta burocracia en general. Es el verdadero número dos del gobierno. Su principal fuente de poder, más que su cercanía personal con el gobernador, es el control del dinero, nada se compra, nada se paga, sino pasa por su autorización y la de su gente que ha colocado estratégicamente. Ascendido formalmente en la estructura administrativa a supersecretario de Infraestructura, cerrará la ultima pinza, la de la obra pública. No hay que perderlo de vista ni su evolución patrimonial.


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