Se dice que… 

Cuando la policía llegó estaban vivos. Eran mil gendarmes estupefactos que no sabían que hacer. La turba, como todas las turbas, actuaba por imitación, sin razón clara. Era un contagio colectivo de odio. De pronto el rencor social había explotado. A la mujer la golpearon, la colgaron, se les cayó… y volvieron a golpearla. Murió de un infarto, de miedo, de terror. Otro de los detenidos fue molido a golpes hasta que dejó de respirar. Un tercero salvó la vida de milagro. Eran secuestradores, dicen, como si eso justificará el mas animal acto de los humanos. Fuenteovejuna otra vez, ahora
mayo 26, 2016

Cuando la policía llegó estaban vivos. Eran mil gendarmes estupefactos que no sabían que hacer. La turba, como todas las turbas, actuaba por imitación, sin razón clara. Era un contagio colectivo de odio. De pronto el rencor social había explotado. A la mujer la golpearon, la colgaron, se les cayó… y volvieron a golpearla. Murió de un infarto, de miedo, de terror. Otro de los detenidos fue molido a golpes hasta que dejó de respirar. Un tercero salvó la vida de milagro. Eran secuestradores, dicen, como si eso justificará el mas animal acto de los humanos. Fuenteovejuna otra vez, ahora en Teotihuacan. Falló el Estado. ¿Quién los mató?  Todos en una. Aquí gobierna el PRI.

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En Coyotepec la revuelta social por el control del agua potable deriva en disturbios. Desde hace siglos, aquí el pueblo es el dueño de los pozos y los administra, pero el nuevo alcalde panista necesita esos recursos para acarrear más dinero a su tesorería. La gente se ha organizado y resistido al apetito recaudador del presidente municipal que no es malo, sino malísimo. Un papanatas que tuvo que esconderse bajo las enaguas del gobierno y pedir la intervención de la fuerza pública para recuperar su palacio.

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El calentamiento social está en ebullición. Disturbios y revueltas por aquí y por allá. La gente está “hasta la madre” de tanto ratero y de tanto pendejo. El hartazgo por malos gobierno está ya en los limites de la violencia. La gobernabilidad es frágil, como colgada de alfileres. La respuesta de mano dura del gobierno no es la mas prudente, solo atiza a la hoguera.

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Roberto, jefe del clan de los Alcántara, hará un último intento por rescatar de la mediocridad su línea aérea VivaAerobus, calificada por los usuarios como guajolotera. Es un hombre que regularmente tiene éxito en los negocios, pero sus aviones dan la impresión que van en la misma ruta que Bancrecer, el banco que quebró, su mayor fracaso. Le está inyectando cientos de millones de dólares para intentar cambiar la percepción de los consumidores de que Viva es la línea de bajo costo mas chafa. El hombre de Acambay y sus aliados están con todo. Muchos se preguntan sobre qué preocupa mas hoy a Roberto: la picada de su negocio de transporte aéreo o que Alejandro Murat, hijo del esposo de su hermana, podría perder la gubernatura de Oaxaca. 

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