Se dice que…

Ottawa, Canadá: El fenómeno de agregación social a la candidatura de Delfina es sorprendente. La candidata de Morena está convertida en un prodigio de masas, que cosecha la simpatía popular con propuestas sencillas y básicas, que todos comprenden, con las que todos coinciden y se identifican, como la de echar del gobierno a los corruptos. Si logra animar a la gente para que salga a votar, movilizarla y vigilar todas las casillas, ganará. La única oportunidad de Morena está en las urnas. El litigio o la negociación con las cúpulas de los otros partidos son las únicas vías que le
mayo 23, 2017

Ottawa, Canadá: El fenómeno de agregación social a la candidatura de Delfina es sorprendente. La candidata de Morena está convertida en un prodigio de masas, que cosecha la simpatía popular con propuestas sencillas y básicas, que todos comprenden, con las que todos coinciden y se identifican, como la de echar del gobierno a los corruptos. Si logra animar a la gente para que salga a votar, movilizarla y vigilar todas las casillas, ganará. La única oportunidad de Morena está en las urnas. El litigio o la negociación con las cúpulas de los otros partidos son las únicas vías que le quedan hoy al PRI.

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Juan Zepeda podría pasar a la historia como el esquirol de esta elección, el Judas que traicionó la voluntad popular –que claramente viene diciendo que no quiere que la dinastía Del Mazo continúe controlando al Estado de México–. Todas las  encuestas, todas, documentan como siete de cada diez mexiquenses votarán en contra del candidato del PRI. Y el del PRD no tiene ninguna posibilidad de ganar la elección, pero sí de fraccionar el voto. La disyuntiva de Juan y la cúpula del PRD es tomar mucho dinero para sus cuentas personales, mantener la alcaldía de Nezahualcóyotl –y algunas otras de buen tamaño y presupuesto–, una senaduría, diputaciones locales y federales y hasta posiciones en el próximo gabinete si ayudan a ganar a Del Mazo, o sumarse al anhelo popular de cambio.

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La votaciones llegarán con Delfina y Alfredo técnicamente empatados en las encuestas; no habrá gran cambio en los días por venir. Todo se definirá el propio domingo y la diferencia se dará en la capacidad de movilización de votantes.

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El mito de la invencibilidad priista cae. La gente parece estar decidida a hacerlo perder. Esa idea de que nadie puede ganarle en el Estado de México sólo permanece firme en el imaginario de los propios priistas, quienes están en todo su derecho de defender sus propios intereses, aunque muchos de éstos vayan en contra de los intereses populares.

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Un ejercicio importante para animar a los escépticos a que salgan a votar es pedirles que imaginen los escenarios después del 4 de junio. Si gana Alfredo, ¿con quién hará gobierno? ¿Va a dejar fuera de los cargos a Luis Miranda, Gerardo Ruiz Esparza, José Manzur, Raymundo Martínez, Aarón Urbina, etcétera? ¿Qué pasará si vuelve a ganar el PRI?

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Una sociedad que perdona décadas de oprobio, incompetencia y corrupción es una sociedad idiota. Una sociedad que permite que legiones de corruptos, ignorantes o imbéciles obtengan el poder a cambio de una tarjeta de mil 200 pesos, una despensa o un bulto de cemento, es una sociedad que merece al peor de los gobiernos. Tanto peca el que mata la vaca como el que le agarra la pata. Los electores son los responsables de los resultados, no los partidos ni las manidas autoridades.        

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