Todavía convaleciente, Arturo Montiel decidió salir de su residencia en el Club de Golf Los Encinos para ir de compras el jueves de la semana anterior. Los empleados de la agencia automotriz no salían del asombro cuando lo vieron llegar: muy demacrado, acompañado de un enfermero –que cargaba la solución intravenosa a la que está permanentemente conectado–, uno de sus guaruras y el chofer. El exgobernador fue a ver vehículos de lujo porque quiere regalarle uno a la mujer que actualmente le quita el sueño, según su propio comentario a quienes lo atendieron. Montiel podrá tener problemas de salud y no estar en su mejor momento político, pero lo enamorado jamás se le va a quitar. Genio y figura hasta la sepultura.
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El priismo del Estado de México, tal vez el más influyente del país, llegará a la XXII Asamblea Nacional con la línea política de impulsar la apertura de los candados para facilitar la candidatura presidencial al secretario de Hacienda, José Antonio Meade, o a José Narro, de Salud. El priismo mexiquense caminará por donde le sugiera el presidente Peña, el canciller Videgaray o el virtual gobernador electo, Alfredo del Mazo. La influencia del gobernador saliente, Eruviel Ávila, se ha reducido prácticamente a testimonial. La única voz discordante visible hasta ahora es la del exgobernador Emilio Chuayffet, quien está más próximo a la visión e intereses del expresidente Carlos Salinas.
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Justo mañana se cumplen dos meses de las elecciones para gobernador, y cuatro de los seis protagonistas principales del proceso están en calidad de prófugos de la opinión pública. Nadie ubica dónde está Josefina Vázquez Mota, la candidata que se ha ganado –a pulso– el mote de “golondrina”; tampoco se sabe de la lamentable Teresa Castell, que participó con la impostura de “independiente”; ni del despanzurrado Isidro Pastor; Juan Zepeda, el colaboracionista candidato del PRD, también está extraviado. La conducta “abandono postelectoral” de esos mujeres y hombres que querían ser gobernadores confirma que ninguno merecía el cargo.
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El panorama que le pintan a Alfredo del Mazo para 2018 es apocalíptico. La gubernatura que litiga en tribunales, si la gana –como todo hace pensar–, será como sacarse la rifa del tigre. Las condiciones sociales, políticas y económicas que le tocarán serán quizá las peores para cualquier gobernador desde 1942, cuando asumió el mandato Isidro Fabela. En 2018 el PRI –su partido– podría perder la mayoría de los gobiernos de los 125 municipios, la mayoría en la Legislatura local, la mayoría en las cámaras alta y baja del Congreso de la Unión y la presidencia de la república. Una verdadera pesadilla. Del Mazo caminará mucho tiempo sobre la cuerda floja.
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La mañana de este miércoles desayunaron en un salón privado del restaurante Ciatro (a un costado de la Alameda en el centro de Toluca) el rector de la UAEM, Alfredo Barrera, y los hermanos Medina Peralta, Gabriel y Mario, ambos de filiación perredista y promotores de #AbracemosTollocan, grupo de resistencia civil que se opuso al retorno VIP del centro comercial Galerías Toluca. ¿De qué habrán hablado?


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