Después de muchos años de cohabitar casi en concubinato, el PAN ha empezado a tomar distancia del PRI en el Estado de México –justo en el curso de las elecciones concurrentes del próximo año–, presentándose públicamente con un discurso de ácida oposición; su presidente, Víctor Hugo Sondón, se esfuerza por posicionarse como un crítico del régimen (tal vez con culpa por la abrumadora derrota en las votaciones pasadas para gobernador, que enviaron a su partido al cuarto lugar en las preferencias electorales). Es como si el PAN quisiera borrar de un plumazo los casi 20 años de colaboracionismo en nuestra entidad. A ver si la gente le cree.
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Frente a la acre postura del panismo regentado por Sondón se encuentra la melosa y ladina inclinación del PAN de Ulises Ramírez para seguir amamantando al PRIAN, como lo hizo por más de 18 años continuos. Ulises ve, en la posible candidatura priista de José Antonio Meade, una oportunidad para regresar al lugar que –dice– Sondón y Ricardo Anaya le arrebataron. Ulises se frota la manos.
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Por sus hechos los conoceréis: es obvio que para Luis Videgaray y su operador, Enrique Ochoa, Eruviel y su equipo hicieron muy bien las cosas, sin importar que por poco pierden la gubernatura. Sólo así se explica que al exgobernador lo hayan hecho líder del PRI en la Ciudad de México –encomendándole la misión imposible de recuperar el poder después de 29 años de derrotas continuas–, y que le autorizaran llevarse formalmente a su secretario de Gobierno, José Manzur, y a su exsecretario de Desarrollo Urbano, Alfredo Torres (y, de manera extra oficial, a su secretario de Salud, César Gómez; a su jefe de la oficina de la gubernatura, Erasto Martínez, y, por debajo del agua, a su coordinador de imagen y actual encargado del Sistema de Radio y Televisión Mexiquense, Carlos Aguilar). La mayoría de ellos siguen bajo sospecha de haberle jugado chueco a Del Mazo.
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Así que podamos decir qué bien le fue al Estado de México en el presupuesto federal 2018, pues no. Prácticamente le dieron lo mismo que el año pasado; hubo mejor trato para la Ciudad de México y Miguel Ángel Mancera. De hecho, le fue mucho mejor a Eruviel en 2016, cuando su gasto rebasó los 270 mil millones; ahora, Del Mazo ha tenido que contenerse y pedir sólo 267 mil millones para 2018. No es la mejor manera para que el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, gane más simpatías en la entidad para su aspiración presidencial, ni para que el coordinador de los diputados federales, el paisano César Camacho, sea recibido con aplausos en su tierra. Estará por verse si el presidente apalanca a su primo en el curso del año siguiente y le envía dinero extra.
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Ya salió el peine de por qué el Verde, Panal, PAS y MC se le han puesto rezongones a su aliado-jefe PRI, y lo amenazan con trabajar ahora para el PAN y el PRD en el Frente Ciudadano: ¡es el dinero! El IEEM dio a conocer ayer que ninguno de esos minipartidos rémoras tendrá un peso del dinero público el próximo año en el Estado de México, al no haber alcanzado ninguno, por sí mismo, tres por ciento de la votación en la elección pasada para gobernador. Como en la mafia: no es personal, son negocios.


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