La prolongada agonía del PRI en Edomex: el vaciamiento en marcha

Renuncias de alcaldes, fuga de élites, caída de afiliación y pérdida de votos configuran un debilitamiento sostenido; Morena concentra el poder y el PVEM absorbe operadores rumbo a 2027.

El PRI en el Estado de México no atraviesa un episodio aislado de crisis: vive un proceso de vaciamiento político. Entre 2025 y 2026 se han registrado al menos 12 renuncias relevantes —incluidas seis de presidentes municipales—, lo que implica la pérdida de una tercera parte de los ayuntamientos que aún controlaba el partido. El fenómeno se acelera tras la derrota en la gubernatura de 2023, que marcó el fin de casi un siglo de control político priista en la entidad.

La lógica es estructural. Sin el poder estatal, el PRI dejó de ser el eje que organizaba lealtades y carreras políticas. A partir de ahí, comenzó a perder su principal activo: la capacidad de retener cuadros con territorio, estructura y operación.

Migración con destino: Morena y el Verde

Las salidas no son dispersas. Siguen dos rutas claras.

Por un lado, Morena absorbe perfiles que buscan alinearse con el poder en turno. Casos como Saray Benítez (Mexicaltzingo), Iris Loreto (Amanalco) y Joel Huitrón reflejan esa lógica de reubicación política.

Por otro, el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) se ha consolidado como un receptor sistemático de cuadros priistas. No exige identidad programática: ofrece estructura y viabilidad electoral. Ahí encajan perfiles como Manuel Vilchis (Zinacantepec) y Abuzeid Lozano (Ixtlahuaca), que trasladan redes territoriales completas.

Más que migración: ruptura y fragmentación

Otros casos revelan matices del proceso. El alcalde de Lerma, Miguel Ángel Ramírez Ponce, reconoció que el PRI fue clave en su llegada al poder, pero se deslindó de su proyecto político actual. En Texcaltitlán, Jesús Mercado Escobar dejó el partido sin definir afiliación, mientras que Carolina Monroy optó por integrarse a una nueva organización política, Somos MX, evidenciando no solo migración, sino fragmentación del sistema partidista.

A nivel local, ex militantes en Zinacantepec denunciaron presiones internas y acoso político como factor de ruptura, apuntando a una crisis que no es solo electoral, sino también organizativa. 

Ruptura en la élite

El fenómeno trasciende lo municipal. Alcanza a figuras relevantes del priismo mexiquense:

  • Alejandra del Moral, ex candidata a la gubernatura 
  • Miguel Sámano, ex coordinador de diputados locales 
  • Ex alcaldes y cuadros dirigentes territoriales 

A ello se suma el distanciamiento de exgobernadores como Alfredo del Mazo y Eruviel Ávila, lo que refleja la fractura del grupo político que durante décadas sostuvo la cohesión interna del partido.

Cuando se rompe la cadena de mando, lo que colapsa no es solo una estructura partidista: es el sistema de lealtades que la sostenía.

El dato duro: menos base, menos músculo

El debilitamiento también es medible. El padrón priista en el Estado de México ha caído cerca de 30%, al pasar de más de 1.4 millones a aproximadamente 844 mil afiliados, reduciendo su capacidad de movilización territorial. 

Figura de madera con un suéter rojo, tendida sobre una superficie oscura.

En paralelo, el PRI ha perdido competitividad electoral, cediendo espacio frente a Morena y a nuevas configuraciones políticas.

La ecuación es clara:

  • menos afiliados 
  • menos votos 
  • menos municipios 

Lee también: Pierde PRI 67% de su territorio político en Edomex

La respuesta del PRI

Desde la dirigencia estatal, encabezada por Cristina Ruiz, el discurso ha sido de contención: las salidas se interpretan como decisiones personales y parte de un proceso de depuración interna.

A nivel nacional, Alejandro Moreno ha insistido en la reorganización del partido.

Sin embargo, la persistencia de renuncias durante este periodo —coincidente con ambas dirigencias— ha generado cuestionamientos sobre la capacidad real del PRI para frenar la fuga de cuadros.

Lectura de poder

Lo que ocurre en el Estado de México no es solo una crisis partidista.

Es una redistribución del poder político.

Morena concentra el gobierno.
El PVEM captura operadores territoriales.
El PRI pierde centralidad.

Más que una desaparición inmediata, el PRI enfrenta una transformación más profunda: dejar de ser partido-sistema para convertirse en un partido en agonía prolongada.

Y en política, cuando un partido deja de retener a sus cuadros… ya no está compitiendo: está siendo sustituido.

Síguenos

Te recomendamos