Está clarísimo: en 2018, el PRI intentará implantar, en todo el país, su eficaz “modelo Edoméx” de operación electoral. Podrá ser inescrupuloso y sucio pero, para ganar elecciones, es una fórmula probada y exitosa, con la que se han mantenido casi una centuria en el poder estatal, y que también funcionó para recuperar la presidencia de la república. Así será, al estilo mexiquense: comprando todo lo que se venda, y usando todo lo que se tenga a la mano. No tienen mañana: es el todo por el todo, y así van a jugar.
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El panorama no es nada halagüeño para el PRI mexiquense: algunos más, otros menos, pero varios pronósticos consideran que en el Estado de México perderán la elección presidencial –por más de 200 mil votos–, al menos 60 ayuntamientos, entre 20 y 25 distritos locales, al menos 25 federales y las senadurías. Para los alarmistas, 2018 se perfila como el Armagedón priista. ¿Será?
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Neza, el paraíso perredista, ha entrado al Top Ten de las ciudades mexicanas con el mayor número de personas desaparecidas: 309 confirmadas, formal y oficialmente, durante los últimos cuatro años. No hay lugar en el Estado de México donde desaparezca más gente que en la Disneylandia de la izquierda colaboracionista. Qué cosa.
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Ya pasó un año desde que “el vengador de la Marquesa” irrumpiera en el caótico y violento panorama estatal, despachándose a tiros a cuatro presuntos asaltantes de pasajeros de autobuses, y es día que el fiscal –antes procurador– Alejandro Gómez Sánchez no puede resolver el caso (uno de los más mediáticos en la administración pasada). Parece que la investigación fue abandonada, que jamás se sabrá otra cosa del antihéroe anónimo al que hasta un video con la recreación de los hechos se le dedicó. Si un caso que cimbró a la opinión pública queda impune, y el fiscal no sufre ni se acongoja, imaginemos qué pasa con aquellos de bajo perfil que suceden casi en el anonimato. La maldita impunidad ha podrido todo, y parece que no entienden.
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Alfredo del Mazo cumple su segundo mes como gobernador, y no logra dar color. Sus primeros 60 días se han pasado como el agua, y parece que él y su equipo nada más no logran todavía ni terminar de acomodarse bien en sus respectivos lugares. En contrasentido, los problemas empiezan a apilársele: la creciente inseguridad y su estela violenta, los daños por los sismos, las finanzas públicas quebradas, el desastre del sistema penitenciario, el desorden y saqueo en salud, más lo que se acumule esta semana. No es gratuito que al gobernador se le vea más delgado que de costumbre, demacrado y con más canas. No la tiene nada fácil; lo sentaron en un barril de pólvora.


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