A un par de semanas de que se haga público quién será candidato del PRI a la presidencia de la república, Luis Videgaray ha tomado pleno control del proceso de selección. Hay que reconocérselo, ha jugado muy bien para sus intereses: colocó en la carrera a Meade, Nuño y Eruviel, mantuvo a su operador en la dirigencia nacional del tricolor y cultivó su relación con la familia de Trump. Videgaray tiene una amplia red de apoyos políticos y económicos dentro y fuera del país, y una innegable ascendencia sobre el propio presidente Peña; por todo eso debería considerársele a él como el verdadero tapado, ¿no creen?
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Como una bocanada de oxígeno puro le ha caído a Alfredo del Mazo la autorización de la legislatura local para contratar el crédito por dos mil 800 millones de pesos con la banca privada, el cual necesitaba con urgencia para salvar la crisis financiera con que recibió la administración estatal. Si ese dinero no llegaba su gobierno hubiera colapsado, pues no tenía ni para pagar aguinaldos.
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Nadie puede llegar pateando la puerta y esperar que lo reciban con cálidos aplausos y fanfarrias; quizá eso debería entender el nuevo presidente del PRI, Ernesto Nemer. En amplios sectores del priismo (cupular y de base), nada más no termina de embonar. Hay quien ve en su llegada a la dirigencia la oportunidad de oro para pasarle factura por viejos agravios; así lo exteriorizan a la primera provocación. En su ya larga trayectoria política, Nemer ha cultivado muchas amistades, pero también bastantes rencores. Intentarán boicotearlo, cerrarle el paso a la senaduría, empujarlo al fracaso. Deberá tener cuidado, su camino está minado.
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No es mito ni leyenda urbana, menos calumnia o insidia política: es una verdad incontrovertible que en la mayoría de los hospitales y clínicas públicas no hay ni para curitas. El sistema público de salud vive una auténtica emergencia, no por falta de recursos –que los ha tenido y tiene en abundancia– sino por el saqueo, la negligencia y la incompetencia de quienes lo administraron los años anteriores. Es un desastre monumental que el nuevo secretario, Gabriel O’Shea, no puede seguir ocultando ni conteniendo. ¿Quién va a pagar los daños?
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Cómo andarán las cosas en materia política en el Estado de México que hay quien propone que a la Secretaría General de Gobierno se le cambie mejor el nombre por el de ¡Secretaría General de Elecciones! Y cómo no si, a pesar de los muchos problemas que aquejan a la entidad, no hay otro tema ni asunto más importante y prioritario para su titular que hacer que las votaciones concurrentes del próximo año se lleven en paz, pero sobre todo que el Señor del Huerto ilumine a todos sus compañeros de partido, para que ganen a como dé lugar porque, si no es así, quién sabe que vaya a pasar después de julio.


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