■ Los dueños del poder
■ Nancy, Higinio y la derrota moral
■ El legado de Higinio
■ El costo electoral del caso Nancy
■ La fuerza de las instituciones
Los dueños del poder
El caso de Nancy Nápoles en Tenancingo y el de Fernando Flores en Metepec no son anomalías ni accidentes del sistema. Son apenas las expresiones más visibles de una crisis más profunda: la decadencia de la clase política municipal. Durante años creímos que el peñismo representaba el punto más bajo del deterioro institucional, pero la realidad demuestra que el problema sobrevivió a las siglas. Morena, PRI y PAN producen con demasiada frecuencia autoridades incapaces de distinguir entre patrimonio público e intereses personales. Lo verdaderamente inquietante no es que existan una Nancy o un Fernando; lo preocupante es cuántos permanecen ocultos en los 125 municipios mexiquenses. La transformación pendiente no es electoral. Es moral, cultural y de selección de élites.
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Nancy, Higinio y la derrota moral
Tan preocupante como las acusaciones que rodean a Nancy Nápoles resulta la reacción de una parte del morenismo mexiquense. Si Morena aspiraba a diferenciarse de las prácticas de protección corporativa que durante décadas distinguieron al viejo régimen, este era el momento de demostrarlo. Sin embargo, han predominado el silencio, la cautela excesiva o, peor aún, los gestos de respaldo político. La ausencia de una postura firme de Luzma Hernández resulta decepcionante, pero más vergonzante es la solidaridad expresada por el senador Higinio Martínez hacia quien enfrenta señalamientos tan graves. La contradicción es brutal: no se puede combatir el amiguismo y el encubrimiento heredados del pasado mientras se protege a los propios. Hay morenistas que honran al movimiento y otros que lo empequeñecen. Higinio eligió el peor lado de la historia.
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El legado de Higinio
Nancy Nápoles no apareció por generación espontánea. Fue impulsada, promovida y políticamente apadrinada por Higinio Martínez, el mismo liderazgo que hoy pretende arroparla en medio del mayor escándalo de su carrera. La contradicción resulta devastadora: quien durante años denunció los excesos y la corrupción del viejo régimen, termina justificando conductas que debería condenar sin titubeos. El problema no es sólo Nancy. La historia reciente de Morena en el Estado de México también carga nombres como Gerardo Nava, Patricia Durán o Juan Rodolfo Sánchez Gómez, figuras convertidas en símbolos de fracaso, abuso o incompetencia. La política también se mide por las obras de sus discípulos. Y cuando se revisa la herencia política de Higinio, la pregunta inevitable es cuántos de los peores errores de Morena llevan también su firma.
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El costo electoral del caso Nancy
El verdadero riesgo para Morena no está en los tribunales ni en Tenancingo, sino en la percepción pública. Casos como el de Nancy Nápoles erosionan uno de los principales activos políticos del movimiento: la convicción ciudadana de que representa algo distinto al pasado. Las elecciones no se ganan únicamente con estructuras, programas sociales o liderazgos; también se ganan con credibilidad. Allí radica el valor simbólico de este episodio. Cada escándalo que contradice la narrativa de transformación debilita el vínculo de confianza con sectores que alguna vez vieron en Morena una alternativa ética. El daño puede parecer local, pero sus efectos se acumulan. Así comienzan las derrotas que nadie ve venir.
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La fuerza de las instituciones
En medio del escándalo existe una noticia que merece ser observada con atención: las instituciones funcionan cuando quienes las encabezan deciden ejercer sus facultades sin cálculos políticos. La actuación de José Luis Cervantes en este caso, como antes en la Operación Enjambre, envía un mensaje poco habitual en la cultura política mexicana: ningún cargo debería garantizar impunidad. La contradicción es interesante. Durante décadas la ciudadanía aprendió a desconfiar de las fiscalías por su sometimiento al poder; hoy comienza a aparecer la expectativa de que un alcalde, sea de Morena, PRI o PAN, pueda ser investigado y procesado. Más que una victoria personal del fiscal, lo relevante es el fortalecimiento de una idea indispensable para cualquier democracia: que los bribones y delincuentes enquistados en el poder vuelvan a temerle a la ley. Y mientras en Tenancingo toman nota de la lección, en Metepec el panista Fernando Flores seguramente traga saliva.

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