*Votación y legitimación
*Elección de minorías
*Triunfo, organización y dinero
*El poder de la gente
*Defensores y ofendidos
*El PRI y su estructura
*Eruviel no quiere perder
Es muy probable que el candidato ganador de la gubernatura del Estado de México, en la elección de junio, triunfe con apenas dos millones de votos (o menos): muy pocos, comparados con el universo de casi 17.5 millones de personas que aquí habitan, pero suficientes para alcanzar el poder. Con esa cifras, es obvio que, de origen, el triunfador tendrá severos problemas de legitimidad. Peor aún, como en toda elección de tercios (la que viene se proyecta así), el vencedor siempre terminará con más votos en contra que a favor. Ese modelo electoral podrá ser muy útil a los partidos y a los grupos de interés, pero necesariamente pasan por dividir y polarizar más a la sociedad.
*
Ese escenario se cumplirá sólo si se repiten los patrones históricos de conducta electoral, que advierten una participación promedio de 60 por ciento de los inscritos en el padrón (la cual, de acuerdo con la lista nominal, rondaría entre 6.5 y 7 millones de votos), dividida mayoritariamente entre PRI, Morena y PAN, pero de la que también PRD e independientes tomarían un trozo. Será una elección de minorías.
*
La pregunta sería: ¿qué partido tiene una reserva asegurada de al menos dos millones de votos? La respuesta parece ineludible: PRI. El infortunio para los antiPRI es que los cuatro millones de votos en contra, que – parece – también tiene asegurados el PRI, se fraccionarán, se pulverizarán entre PAN, Morena y el resto. La voluntad mayoritaria no se impondrá una vez más. Ganará el mejor organizado, el que cometa menos errores y el que tenga más dinero y poder.
*
Pero del plato a la boca se cae la sopa. Sí hay una manera de que el PRI pierda: que salgan a votar entre 70 y 80 por ciento de las personas inscritas en la lista nominal. A más votos, mayor riesgo (y mayor posibilidad de que sean en contra del PRI). Entonces la disputa sería entre Morena y PAN. La gente tiene la sartén por el mango; ahora sólo falta que se dé cuenta.
*
Es entendible que aquellos que de alguna forma u otra se benefician con los regímenes del PRI lo defiendan, justifiquen hasta a sus malos gobiernos y lo voten ciegamente. Lo que parece increíble y paradójico es que la gente a la que le ha ido muy mal no salga a votar en contra.
*
La estructura priísta es piramidal e inmensa: en la cúspide, el candidato; después, el coordinador de campaña, Enrique Jacob; subordinado a éste, el subcoordinador Raúl Domínguez Rex; le siguen tres coordinadores regionales, Miguel Sámano, Rocío Díaz Montoya y David Sánchez Isidoro; posteriormente, 16 coordinadores distritales – todos diputados locales y federales – y finalmente, en la base, la estructura del PRI. Un ejército al que hay que sumar el armazón del gobierno federal – con delegados por región – y la del gobierno estatal, más la de los municipios…
*
En nadie confía más Eruviel que en Erasto Martínez y Carlos Aguilar, quizá los dos hombres con más poder en el gobierno, luego de él. Ellos fueron a quienes envió a ganar Ecatepec, y lo hicieron. Su fórmula es bien sabida: gastar, gastar y gastar, comprar todo lo que se venda, ganar a fuerza de cañonazos de dinero (que nunca ha quedado claro qué origen tiene). Ambos entran a la campaña con Del Mazo en 19 puntos; estará por verse qué pueden hacer. Eruviel no quiere perder, está claro.


Síguenos