Se dice que…

  Son tantos y tantos los nombramientos, las estructuras, las estrategias y los operadores que da la impresión de que el PRI está hecho un relajo a un par de semanas de iniciar la campaña. Todo parece caótico, desordenado, anárquico, como que no tiene pies ni cabeza: en pocas palabras, un desmadre. Alfredo del Mazo es rehén de los apuros, agobios y vanidades de la gente que le rodea, de su Cuarto de Guerra Montessori. * Del Mazo también ha quedado en medio de la disputa por el control político y del dinero entre peñistas, eruvielistas y los propios delmacistas.
marzo 15, 2017

 

Son tantos y tantos los nombramientos, las estructuras, las estrategias y los operadores que da la impresión de que el PRI está hecho un relajo a un par de semanas de iniciar la campaña. Todo parece caótico, desordenado, anárquico, como que no tiene pies ni cabeza: en pocas palabras, un desmadre. Alfredo del Mazo es rehén de los apuros, agobios y vanidades de la gente que le rodea, de su Cuarto de Guerra Montessori.

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Del Mazo también ha quedado en medio de la disputa por el control político y del dinero entre peñistas, eruvielistas y los propios delmacistas. Todos quieren mandar y muy pocos obedecer; al rechazo de afuera hay que sumarle el desorden de adentro y da como resultado una segura derrota.

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La intempestiva renuncia de la recintemente nombrada coordinadora de Comunicación Social del candidato, la videgarayista Sandra América Rodríguez, comprueba el desgarriate tricolor. Sandra se fue porque nada más no aguantó a Alejandra de la Sota, la enviada de Eruviel. Dicen que la panista –incluida en la lista de Forbes de los 10 políticos más corruptos de México– es una verdadera arpía, que hizo la vida de cuadritos a Sandra con el poder que le da el control del dinero para comunicación.

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De la Sota camina de la mano de Carlos Aguilar, uno de los dos personajes más cercanos y de mayor confianza de Eruviel, enviado forzadamente a la campaña de Del Mazo –y de quien todos desconfían–. Aguilar y el otrora todopoderoso Erasto Martínez son los apestados del Cuarto de Guerra: nadie los quiere, salvo los propios eruvielistas. 

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La llegada de Ricardo Joya a la coordinación de Comunicación Social del candidato priísta (en lugar de Sandra América) es un bálsamo para el corolario de desatinos tricolores. Joya tiene como encomienda la interlocución con los medios del Valle de Toluca, tan maltratados y menospreciados por los eruvielistas. Llega a la campaña con el sello de Ana Lilia Herrera pero aprobado por los tres grupos en discordia: peñistas, eruvielistas y delmacistas.

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Un voto por el PRD será un voto inútil, un voto desperdiciado. Ese partido está desfondado y lo que le viene es su desaparición. La designación de Juan Zepeda como su candidato lo condena al cuarto lugar y acelerará el proceso de migración y transferencia de votos de los militantes y simpatizantes de la izquierda hacia Morena. Héctor Bautista ha coronado su obra: se acabó al PRD.  

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