Parecería que para algunos partidos el quid del 4 de junio es cómo embaucar o convencer a la mayor cantidad de electores estúpidos para que vendan, obsequien o intercambien su voto. Es una visión horrible de la calidad de ciudadanía que tenemos en el Estado de México, pero muy aproximada a la realidad.
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En una sociedad madura, reflexiva y educada, no influyen –ni tienen mucho efecto en el ánimo de los electores– los ardides propagandísticos baratos, como las obsequiosas campañas de distribución de cosas; el acarreo de “comelonches”, para dar impresión de popularidad y fuerza colectiva, o los discursos y arengas llenos de mentiras y falsas promesas. Si los candidatos recurren a todas esas marrullerías es porque saben que en una sociedad como la nuestra son todavía efectivas.
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Coincidencia trágica. En 2007 muere súbitamente Mónica Pretelini, la esposa del gobernador Enrique Peña Nieto. Justo diez años después, en 2017, muere también repentinamente Grimalda Muñoz, la exesposa y madre de los hijos del gobernador Eruviel Ávila. No tardará el imaginario colectivo en convertirla en una de las maldiciones que azotan al Estado de México.
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La principal preocupación en el PRI es que, a pesar de ser el partido mejor organizado y tener a su disposición la mayor cantidad de recursos materiales y humanos, su candidato no crece en la preferencia electoral. Cuatro cosas le impiden despegar: 1) Su vinculación de parentesco con el presidente Peña; muy pocos más allá del PRI quieren votar por el primo del presidente más impopular de la historia mexicana reciente. 2) Los malos resultados del gobierno en seguridad pública, empleo, salarios, combate a la corrupción y servicios públicos. 3) La soterrada guerra entre los grupos priistas de interés, que sólo fingen públicamente unidad. 4) La imposibilidad de cumplir al elector su principal demanda: el cambio. Las cosas no están fáciles para el PRI; va a contracorriente.
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El último gran recurso de Del Mazo para convencer a la gente será el de ofrecer la culminación de los grandes anhelos; uno de ellos podría acarrearle muchas simpatías: el compromiso de traer –por fin– el Sistema de Transporte Colectivo Metro al Estado de México. Resultaría un hit, y parece que será uno de los ases bajo la manga.
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La situación ha llegado a un punto en que, por razones de seguridad, debemos hacerla pública. Durante la última década, este medio de comunicación y su editor han sido presionados, atacados y hostilizados por el poder. Debido a nuestra línea editorial, desde hace 12 años –a partir de Peña Nieto– se nos negó todo acceso a la publicidad oficial. Después se dirigió una persecución fiscal, ordenada por Luis Videgaray, que llegó al arbitrario congelamiento de cuentas bancarias y la intención de aplicar multas millonarias. El acoso fue vencido en los tribunales y no se pagó un solo peso. Más adelante, hubo un intento de secuestro de uno de los hijos del editor por gente vinculada al poder. Posteriormente, dos individuos encañonaron con pistola en la cabeza a otro de sus hijos: se subieron a su auto, lo amenazaron y lo pasearon aterrorizándolo. Se llevaron el auto (que después abandonaron a una cuadra de las instalaciones de la procuraduría de justicia en Valle de Bravo). En diciembre pasado, la hija mayor del editor y tres trabajadores fueron baleados a una cuadra de las oficinas de Alfa Diario en un presunto intento de asalto; dispararon en más de ocho ocasiones contra ellos, hirieron a uno de los empleados y no se llevaron ni un peso. La semana pasada un grupo de personas entró a una de las plantas industriales de la empresa, golpeó a los vigilantes y con camiones se llevó maquinaria. Sabemos bien la crisis de inseguridad que padecemos y a la que estamos expuestos todos los ciudadanos en el Estado de México, pero nos parece que hay una secuencia en los hechos, que pueden describirse como dirigidos y que tendrían la finalidad de amedrentarnos para modificar la línea editorial. Todas las averiguaciones están archivadas en el abandono. Desde aquí responsabilizamos a partir de hoy, públicamente, al gobierno y sus personajes de cualquier atentado en nuestra contra.
(Columna publicada el 27 de marzo)


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