No fue en los dominios de Eruviel Ávila, sino en los de Enrique Peña donde se tomó la decisión de ir en contra de Isidro Pastor, a quien veían como un riesgo para la campaña de Alfredo del Mazo. Erwin Lino, el poderoso y discreto secretario particular del presidente, habría recurrido a su tío político y actual presidente del Tribunal Electoral del Estado de México, Jorge Arturo Vázquez Sánchez –esposo de Elenita Lino, exsecretaria de Gestión Social y exdiputada del PRI–, para sacar de la contienda al candidato independiente incómodo.
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Es tal el enojo que ha provocado Isidro en Los Pinos que la embestida no sólo será política: existen indicios suficientes para adelantar una persecución judicial. Desde hace días se ha filtrado información de un proceso en su contra por presuntas operaciones irregulares con la venta de algunos terrenos en el distrito judicial de Tenancingo. La intención es llevarlo a prisión con la acusación de uso de recursos de procedencia ilícita; en términos llanos, lavado de dinero.
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Hasta ahora nadie había reparado en el conflicto de intereses en que podría incurrir el magistrado presidente del Tribunal Electoral del Estado de México por su parentesco con el secretario particular del presidente de la república y su nexo directo –en grado de esposo– con una de las integrantes distinguidas de la elite priista. Su imparcialidad está en entredicho.
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La animadversión popular –a veces hasta irracional– hacia el candidato del PRI es la principal causa de preocupación en el equipo de campaña. Una enorme porción de los potenciales electores, por no decir la mayoría, no lo quiere. No es una cuestión personal contra Alfredo del Mazo, sino por lo que representa. Lo mejor que puede sucederle, recomiendan algunos expertos, es que se guarde para detener la caída.
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Ese eslogan de “Fuerte y con todo”, con su foto como si estuviera mentando la madre y la manita haciendo “huevos”, ha caído como patada en el hígado a la gente. Su propaganda es una glorificación a la violencia, una postura vacía y pendenciera. No propone ni ofrece nada a quienes aspira a gobernar. Es un ridículo y agresivo grito de guerra a sus huestes alicaídas. Quien le haya vendido esa idea es imbécil o un traidor.
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Son tantas las preocupaciones alrededor del desempeño del candidato tricolor que el propio Enrique Peña está convertido en los hechos en el nuevo jefe de campaña. Él habla con los actores políticos directamente; da órdenes, dirige la estrategia, encabeza reuniones. Su equipo está volcado en el Estado de México. Hace las cosas como si no hubiera un mañana. Ganar a como dé lugar es la premisa. Parece que Peña no confía hoy en nadie y quiere hacerlo él personalmente. La desesperación es manifiesta. El presidente de la república reducido a un jefe de campaña.


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