Durante casi toda la segunda mitad del siglo XX se dijo desde las trincheras de la crítica social que la televisión era uno de los grandes males de la sociedad. Los estudiosos de las relaciones sociales y de los procesos de comunicación señalaban, entre otras graves consecuencias de la omnipresencia de los aparatos televisores en los hogares, que provocaba el consumismo y la interpretación superficial de la realidad con base en slogans publicitarios, que propiciaba actitudes conformistas y desde las pantallas se manipulaba a la gente con mucha facilidad.
En la sociedad de hoy es un hecho que la televisión se ve cada vez menos. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Consumo de Contenidos Audiovisuales, del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), entre los años 2014 y 2015 el consumo de televisión abierta en el país disminuyó 18%. Televisión abierta se refiere a aquellos canales televisivos cuya distribución es gratuita y amplia, en México tenemos (de acuerdo a la región en la que uno se ubique) al menos una media docena de este tipo de canales a los que se tiene acceso libremente y que son dominados por dos grandes empresas que todos conocemos: Televisa y Televisión Azteca. A los grandes emporios de este tipo es a los que con mucha frecuencia se apuntaban las baterías críticas que señalaban la manipulación, la mercantilización, la banalización y hasta el mal gusto en los contenidos.
Pero resulta que, de acuerdo con la mencionada encuesta (disponible en el sitio web del IFT), los jóvenes es el segmento de la población que ve menos televisión abierta. Ellos prefieren el contacto con las redes sociales y, cuando tienen algún interés sobre transmisiones de televisión, lo realizan por medio del Internet. Sin duda se está modificando de manera acelerada la realidad social y comunicacional, con lo cual se vuelve más difícil seguir culpando a la televisión de ser causante de la apatía, abulia y comportamientos poco críticos de parte de las personas. Claro, no puede exentársele de sus responsabilidades históricas en el manejo de información, sin embargo es un hecho que cada vez tiene menos influencia. Para las nuevas generaciones la televisión abierta no les parece creíble como fuente de información. Dudan de su veracidad y las propuestas de entretenimiento que les ofrece tampoco les interesan. La pregunta obligada sería ¿qué es lo que le sí les interesa y de dónde proviene su información?
Las cifras del IFT son el sentido de que el principal uso del Internet es para acceder a redes sociales, concentrándose entre los usuarios de 18 a 24 años (88%). Son las redes sociales lo que les interesa y les informa. Éstas representan un exceso de información de duración casi efímera y en plataformas diversas: texto, imagen, video, audio, pero que permiten la co-autoría: todos pueden ver contenidos y compartir contenidos, comentarlos, replicarlos, etc. Esto es nuevo. Un trending topic no puede equipararse a las ocho columnas de un diario, o a la nota principal de un noticiario televisivo; éste se construye con la colaboración de miles de personas que expresan su opinión sobre un tema. Esa opinión puede ser racional o visceral, pero se suma al torrente informativo y, si de ahí es de donde se están informando nuestros jóvenes, es necesario ponerle atención.
Es un fenómeno emergente; muchas cosas están por decirse de él; de la televisión ya se dijo mucho y ahora se desplaza hacia el margen, desocupando el centro.


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