Un estudio sobre la participación política de las mujeres en el Estado de México arrojó que aún existe resistencia de los hombres a que las mujeres ocupen puestos de poder y tomen decisiones, pero además el principio de paridad de género lo ven como una obligación legal, no como un derecho o medida necesaria, y siguen los roles y estereotipos de género.
Además, hay una escasa comprensión sobre el significado, alcance y ejercicio pleno de los derechos político-electorales de las mujeres, existe violencia política en razón de género que genera desmotivación y temor de las mujeres por participar de manera activa en el ámbito político, discriminación, barreras culturales, e incluso amenazas e intimidación.
De acuerdo con el Diagnóstico de la Participación Política de las Mujeres en el Estado de México en el proceso 2017-2018 elaborado por el Instituto Electoral del Estado de México (IEEM) y la UNAM, aun cuando las mujeres han logrado ocupar más puestos de elección popular, el camino no ha sido fácil, pues se han enfrentado a roles de género impuestos cultural y socialmente que ven a las mujeres como las encargadas del cuidado de los hijos y las responsables de las labores del hogar.
Mientras en 2012 solo 14 de los 125 municipios mexiquenses fueron gobernados por mujeres, en el 2015 la cifra incrementó a 20 y para el 2018 llegaron a 39; sin embargo, hay regiones en la zona sur y centro-poniente del Estado de México donde nunca ha ganado una mujer, incluyendo: Tlatlaya, Amatepec, Sultepec, Almoloya de Juárez, Calimaya, entre otros.
En cuanto al Congreso local, entre el 2012 y el 2015 el número de legisladoras de mayoría pasó de seis a 19, pero para el 2018 llegaron a 22 mujeres en los 45 distritos; sin embargo, el mismo estudio arrojó que la mayor presencia de mujeres no se ha traducido en que tengan los mismos espacios de poder, pues las coordinaciones y la Junta de Coordinación Política son para los hombres.
A través de encuestas a militantes, el estudio muestra que la falta de preparación también dificulta la participación política de las mujeres, pues es considerado un requisito para la postulación y la formación profesional, además de que les da la capacidad de tomar mejores decisiones y de tener un desempeño de mayor calidad.
Otro obstáculo es que enfrentan la resistencia de los hombres a que las mujeres puedan ocupar los puestos que por años han sido ocupados por ellos. Esto trae como consecuencia la violencia política en razón de género, pues se sienten violentados al ser despojados de lugares que por “tradición” han ocupado.
El estudio muestra que algunas de las acciones que efectúan los hombres son la discriminación por apariencia física u origen étnico, hacen comentarios que las vinculan emocional o sexualmente con algún miembro del partido y les niegan recursos económicos
El estudio muestra que algunas de las acciones que efectúan los hombres son la discriminación por apariencia física u origen étnico, hacen comentarios que las vinculan emocional o sexualmente con algún miembro del partido y les niegan recursos económicos.
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«En general, consideran que la participación política de las mujeres es negativa, si bien es cierto que en el último periodo electoral se cumplió con el principio de paridad de género, consideran que las mujeres que ganaron un puesto de elección popular no tienen la preparación y la experiencia que exige el puesto; por otro lado, consideran que en el ejercicio de sus funciones deben tener mejores propuestas».
Por ello, el estudio advierte que falta avanzar en el tema y capacitación a la militancia de los partidos políticos.


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