«Son los mismos», el EZLN ante la cuarta transformación 

  “…son los mismos.  Son panistas, son priístas,  son verde, son PT.  Ahí está la gran mentira…”     Toluca, México; 2 de enero de 2019. Veinticinco años han pasado desde que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional tomara Las margaritas, San Cristóbal de las Casas, Ocosingo, Altamirano y Oxchuc. Fue en 1994 cuando México se despertó con la noticia de que indígenas chiapanecos, armados, tomaron cinco cabeceras municipales para decir basta; la primera declaración de la selva lacandona decía “somos los herederos de los verdaderos forjadores de nuestra nacionalidad, los desposeídos somos millones y llamamos a todos nuestros hermanos a
enero 2, 2019

 

“…son los mismos

Son panistas, son priístas, 

son verde, son PT. 

Ahí está la gran mentira…”

 

 

Toluca, México; 2 de enero de 2019. Veinticinco años han pasado desde que el Ejército Zapatista de Liberación Nacional tomara Las margaritas, San Cristóbal de las Casas, Ocosingo, Altamirano y Oxchuc.

Fue en 1994 cuando México se despertó con la noticia de que indígenas chiapanecos, armados, tomaron cinco cabeceras municipales para decir basta; la primera declaración de la selva lacandona decía “somos los herederos de los verdaderos forjadores de nuestra nacionalidad, los desposeídos somos millones y llamamos a todos nuestros hermanos a que se sumen a este llamado como el único camino para no morir de hambre ante la ambición insaciable de una dictadura de más de 70 años encabezada por una camarilla de traidores que representan a los grupos más conservadores y vendepatrias. Son los mismos que se opusieron a Hidalgo y a Morelos, los que traicionaron a Vicente Guerrero, son los mismos que vendieron más de la mitad de nuestro suelo al extranjero invasor, son los mismos que trajeron un príncipe europeo a gobernarnos, son los mismos que formaron la dictadura de los científicos porfiristas, son los mismos que se opusieron a la Expropiación Petrolera, son los mismos que masacraron a los trabajadores ferrocarrileros en 1958 y a los estudiantes en 1968, son los mismos que hoy nos quitan todo, absolutamente todo”.

“Son los mismos”, decía la declaración del 1 de enero de 1994; veinticinco años años después “son los mismos”. 

En las palabras, firmadas por le subcomandante insurgente Moisés, se advierte de ello y se dice que, tras un cuarto de siglo, los indígenas siguen solos, con una lucha que han ejercido ellos mismos, sin ayuda de nadie: “como que no nos miran, como que no nos escuchan lo que estamos […] lo que hemos logrado, fue logrado con nuestro trabajo, con nuestro esfuerzo”.

“Son los mismos”, dice el subcomandante Moisés y se refiere, sin nombrarlo, a López Obrador “es un loco el que dice eso, no sabe pensar, no piensa por el pueblo”.

“Vamos a enfrentar, no vamos a permitir que pase aquí ése su proyecto de destrucción, no le tenemos miedo a su guardia nacional que lo cambió de nombre para no decir ejército, que son los mismos, lo sabemos”.

La realidad de la base del Ejército Zapatista de Liberación Nacional resuena, como hace 25 años: “No hay nadie que va a luchar por nosotros a los pueblos explotados del campo y la ciudad, nadie. Nadie va a venir, ni un hombre, ni una mujer; ni un grupo, sino que se necesita que haya mujeres y hombres que van organizándose y organizándose y organizándose, el pueblo es la que se tiene que organizarse para liberarse […] digan lo que digan, así que piensan lo que piensan, nosotros nos vamos a defender. Pase lo que pase, cueste lo que cueste y venga lo que venga. Vamos a defendernos, vamos a pelear si es necesario”.

Luego, el primero de enero, en un comunicado del Comité Clandestino Revolucionario Indígena se reitera que no se permitirá ningún proyecto que destruya la vida de la humanidad y la muerte de la tierra, porque detrás están los intereses de los grandes capitalistas nacionales y trasnacionales.

El camino para los zapatistas será la organización desde cualquier rincón del mundo, con diferentes modos y costumbres, todas y todos en contra de un mismo enemigo que es el sistema capitalista neoliberal.

Andrés Manuel López responde en su conferencia de prensa matutina dice: “respeto a sus planes, programas, a sus decisiones. Vivimos en un país libre, no hay represión, no hay censura”.

Dice que el adversario a vencer es la crisis de México y, tenuemente, califica las declaraciones como provocación, responde sesgadamente a los cuestionamientos de la prensa y desde arriba, desde el poder, declara: “todo el que solicite una audiencia, tiene derecho a ser atendido. Es un derecho constitucional”.

El abanico de izquierdas en México es amplio, algunas, incluso, ni siquiera lo son; 2019 empieza con un desacuerdo importante, uno que deshace posibilidades y descorre algunos velos que ya dejaban ver algunas realidades: el tren maya no es decisión indígena, la guardia nacional es el ejército con distinto nombre y las prioridades son distintas; como hace veinticinco años los indígenas vienen solos, las trasnacionales impulsan proyectos y el poder se detenta desde arriba, al final “son los mismos”.

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