¿Un Ícono?

Llama poderosamente la atención la simpatía y hasta defensa que grupos de población han manifestado, discreta o abiertamente, por El Chapo Guzmán a raíz de su captura.

Se supondría que debiera haber una condena unánime hacia el capo de la droga y un aplauso también unánime hacia el gobierno que lo atrapó. Pero no es así.

Un especialista explica esa simpatía por el hecho de que El Chapo, representa la cristalización de los anhelos de sectores de población, particularmente jóvenes, quienes sin ninguna o poquísimas  posibilidades de ascender económicamente en la escala social, ven las actividades ilegales como  única opción.

Se dice que la movilidad social en México es casi nula, es decir que  si se nace pobre, lo más seguro es que se vivirá pobre y se morirá pobre. Y no sólo eso, sino que cada vez más sectores que estaban encima de la línea de pobreza han caído en ella.

 Son todos esos  a los que el gobierno quiere conformar dándoles algo para comer.

Para que alguien se haga rico, más o menos legalmente,  tiene que pertenecer o arribar por algún medio a las clases privilegiadas.

Ya sea a la clase empresarial dueña de tierras, bienes inmuebles, fábricas, bancos,  comercios, empresas de servicios. Pero esta clase es muy exclusiva, de unas cuantas familias.

Otra opción es ingresar a la política y desde ahí escalar a los puestos de buenos ingresos y prestaciones, y  si se liga con alguna actividad empresarial, se estará con posibilidades de llegar muy lejos.

Por eso los partidos políticos se han cerrado y constituyen verdaderas empresas como al PAN; el PVEM; el PT; el PRD.

Paradójicamente, contra lo que se ha dicho, el PRI era  el que mayor permeabilidad social había propiciado a lo largo de su historia.

Sin embargo, desde que se neoliberalizó, este partido  tampoco  ha  propiciado la movilidad social, al contrario.

Así, a los jóvenes de familias de escasos recursos, sin opciones de trabajo y educación  y con la ilusión del poder, los buenos carros y casas, las buenas mujeres, sólo les queda, como opción de progreso,  las actividades ilegales, propias además de un sistema neoliberal,  de las que El Chapo, es un ícono.