La mano invisible de Palacio de Gobierno
Más allá de nombres, urnas y declaraciones, la gran ganadora de la elección universitaria es la gobernadora Delfina Gómez. Y detrás de ella, la mano maestra de su operador político, Horacio Duarte. Con paciencia quirúrgica —sin desplegar fuerza, sin hacer escándalo—, lograron algo impensable hace apenas tres meses: apagar un incendio estudiantil sin gasolina ni granaderos, jubilar a la clase política universitaria que controló la UAEMéx durante décadas y comenzar la refundación silenciosa de una institución secuestrada por la lógica del PRI y del mercado. No se trató solo de evitar el caos, sino de iniciar una transición de fondo: expulsar el neoliberalismo académico, restituir la tradición liberal de pensamiento y abrir camino a un modelo humanista, progresista y socialmente útil. Nada de esto fue casualidad. Zarza es el rostro visible de una operación profunda. Y si cumple con su papel histórico, no será solo la primera rectora: será el parteaguas entre la universidad del privilegio y la universidad del pueblo.
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El retiro controlado del delmacismo
Quienes leen con atención los signos del poder detectaron que el delmacismo no fue derrotado, sino que se retiró con elegancia. En vez de aferrarse a un modelo universitario en llamas, facilitó la transición a un nuevo liderazgo con rostro femenino, académico y ajeno al escándalo. Patricia Zarza fue la elegida para ocupar el vacío sin romper los equilibrios institucionales. No es una outsider, pero tampoco es parte del viejo linaje. El pacto fue simple: entregar la rectoría a cambio de preservar algunas estructuras de gestión, evitar una intervención mayor del gobierno estatal y garantizar la gobernabilidad en tiempos de ajuste. Ni vencedores ni vencidos, sino una sucesión pactada con aroma a reconfiguración.
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Fin del ciclo de los exrectores
La élite de exrectores que por años operó como consejo oscuro de la UAEMéx fue desplazada del tablero sin necesidad de denuncias públicas ni exilios forzados. El caso Barrera, con su audio infame, marcó el punto de quiebre: por primera vez, la comunidad académica y estudiantil percibió con claridad la podredumbre del modelo clientelar. El voto universal —que incluyó a más de 100 mil integrantes del padrón— terminó de sepultar la era del dedazo interno. Los exrectores callaron, se replegaron o desaparecieron de escena. No hubo resistencia, solo silencio. El poder que no se renueva se disuelve. Y en la UAEMéx, ese ciclo se agotó.
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Adiós al PRI universitario
El resultado de la elección fue también el certificado de defunción del viejo pacto PRI-UAEMéx. Durante décadas, la universidad funcionó como cantera de cuadros, caja de resonancia electoral y brazo simbiótico del priismo mexiquense. Con la llegada de Zarza —sin vinculación con esa matriz— y el respaldo implícito del gobierno estatal, se consuma la ruptura. La UAEMéx ya no responde al tricolor, y aunque no se declara morenista, alinea su narrativa con el discurso de transformación: equidad, inclusión, pensamiento crítico, vinculación social. El dinosaurio se quedó sin rectorado.
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¿Fin del neoliberalismo académico?
El modelo gerencial, tecnocrático y mercantilizado que se consolidó en la UAEMéx desde los noventa comienza a mostrar fisuras. Outsourcing académico, evaluación por indicadores vacíos, simulación investigativa y lógica de competencia entre planteles son herencias del neoliberalismo educativo. Patricia Zarza ha prometido —en discursos y documentos— una transformación con enfoque humanista, crítico, comunitario. Si esto se materializa, estaríamos ante un viraje histórico: de la universidad del mercado a la universidad de la sociedad. Pero los fantasmas de la burocracia permanecen. No basta con cambiar el discurso: hay que desmontar estructuras. El tiempo —y los próximos nombramientos— dirán si es una metamorfosis o una anestesia retórica.
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Un rectorado de transición política
Aunque tiene mandato de cuatro años, todo apunta a que el rectorado de Patricia Zarza será de transición: una administración de equilibrio, legitimada por el voto pero condicionada por la crisis heredada. Su margen de acción dependerá de tres frentes: 1) cómo reconstruye la confianza con los colectivos estudiantiles que sostuvieron los paros; 2) qué tipo de gabinete conforma y a quién le entrega la gestión institucional; y 3) qué tanta autonomía política logra respecto a los actores que la respaldaron. Si opta por administrar la calma, perderá la oportunidad histórica. Si decide gobernar con visión de refundación, tendrá que romper muchos pactos.


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