Y vivieron felices por siempre…

Había una vez, en una tierra lejana donde las hojas de los árboles crecían en  forma de trébol, donde las águilas surcaban los cielos y el caudal de los ríos nutría la vida, un príncipe bondadoso al que le gustaba pasear entre los senderos del bosque. Un día, bajo el sauce más frondoso del paraje, el príncipe de ojos color azabache encontró al que sería su primer amor, un joven generoso cuya mirada era tan profunda como los océanos. Cada vez, son más los casos de cuentos, caricaturas, anuncios, juguetes y películas infantiles que incluyen la diversidad sexual en su
marzo 2, 2017

Había una vez, en una tierra lejana donde las hojas de los árboles crecían en  forma de trébol, donde las águilas surcaban los cielos y el caudal de los ríos nutría la vida, un príncipe bondadoso al que le gustaba pasear entre los senderos del bosque. Un día, bajo el sauce más frondoso del paraje, el príncipe de ojos color azabache encontró al que sería su primer amor, un joven generoso cuya mirada era tan profunda como los océanos.

Cada vez, son más los casos de cuentos, caricaturas, anuncios, juguetes y películas infantiles que incluyen la diversidad sexual en su contenido. “Promise Land” (La Tierra Prometida), un cuento de Nueva Zelanda que narra la historia de un príncipe y un campesino que se enamoran es la prueba más reciente de ello. Adam Reynolds, uno de los autores  de “Promise Land” ha declarado que uno de sus objetivos es que “las y los niños que crezcan y luchen con su sexualidad y los tabúes alrededor de ella, puedan verse reflejados  en sus personajes y aprendan a vivir en libertad”.

Hablar de orientación sexual e identidad de género a menores de edad no es cuestión de “adoctrinamiento ideológico” como algunos grupos conservadores intentan hacer creer; representa una herramienta para que las niñas y niños que son gays, lesbianas, bisexuales o trans, aún sin que lo nombren de esa manera, aprendan a vivir en libertad, sin temor al acoso escolar, la discriminación o la violencia, sólo porque no encajan en los estereotipos de “hombre-masculino y mujer-femenina heterosexual”.

De acuerdo con el informe de la Alianza por la Diversidad e Inclusión Laboral (ADIL), las escuelas son los lugares en los que la población LGBT enfrenta más rechazo. Para ser más claros, los estudios de esta organización refieren que alrededor del 74 por ciento de los gays  ha sufrido violencia por parte de sus compañeras y compañeros de aula; lo mismo ocurre en el 66 por ciento de estudiantes trans y en el 50 por ciento de las lesbianas.

Y por ello, hablar de lo que es una realidad innegable en los cuentos o productos dirigidos a las y los menores es fundamental. Atrás quedaron los años en que la damisela sólo era feliz cuando la rescataba el príncipe azul. Los prototipos de parejas Disney correspondieron a una época que hoy resultan caducos. El tiempo de la diversidad ha llegado y no es que antes no haya existido, sino que los prejuicios eran aún más grandes.

Los gays, las lesbianas, bisexuales y trans merecemos un “vivieron felices por siempre”.  Tal vez, suena cursi, quizás es una idea romántica y muy posiblemente la felicidad completa es una utopía, pero qué sería de la vida si no creyéramos en los cuentos de hadas, y peor, qué sería de nosotros y nosotras si no le damos expresión a la diversidad de ser y amar.

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