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Aldeanos

Alguno de los generales norteamericanos al frente de las tropas que invadieron México en 1846, escribía a su familia sus impresiones de esa guerra.

Señalaba la desproporción entre la capacidad de las armas que ellos traían y las que tenían los mexicanos. Se alarmaba de cómo los voluntarios, esa especie de mercenarios, que venían con ellos, violaban y asesinaban. Pero también le llamaba la atención cómo en algunas poblaciones y aldeas la gente salía a recibirlos con regalos y sonrisas.

Otros, los que justificaban la invasión, señalaban que México era un país de seres inferiores racial e intelectualmente y que lo mejor era quitarles lo que no podían gobernar ni aprovechar. Letras Libres de Noviembre de 2013.

Lo anterior viene a cuento a propósito de las visitas y de los honores que se les han estado rindiendo y los que se les rendirán a los representantes de diversos países que vienen a ver cómo es que sus empresas pueden participar de la explotación del petróleo mexicano.

Estimo que sería pecar de ingenuo y desconocer la historia y las evidencias actuales, como la de las mineras canadienses,  si se pensara que tales señores vienen con ánimo de equidad, sustentabilidad  y justicia a hacer negocios.

Por ello no deja de ser enternecedor, sino es que patético,  el esfuerzo del gobierno estatal y el de Toluca, por arreglar, hasta donde se pueda, a la capital del Estado, para que los señores Obama y Harper no la vean tan fea, si es que la ven, en su próxima visita.

Yo creo que si, como parece previsible, se les da el trato de socios preferentes en la explotación del  petróleo, y con base en el TLCAN eso llega a ser constitucional, seguramente se acordarán de Toluca como si hubiesen estado en 1846.