Hace 70 años la capital francesa estuvo a punto de ser destruida por los ocupantes nazis cuando Adolfo Hitler, en un gesto desesperado, ordenó a sus fuerzas volar puentes y monumentos para evitar que cayera en manos de los aliados.
Este momento de máxima tensión aparece recogido en el libro "¿Arde París?", de Larry Collins y Dominique Lapierre, una obra llevada posteriormente al cine por el realizador René Clément.
Con una excelente fotografía y un reparto de reconocidos actores como Alain Delon, Jean-Paul Belmondo y Kirk Douglas, entre otros, el filme es capaz de transportar al espectador a los días difíciles que precedieron a la liberación de la urbe durante la II Guerra Mundial.
Rodada en escenarios naturales, la película muestra la crueldad de la guerra, la represión de la Gestapo, el papel de la resistencia antifascista y las contradicciones existentes en las fuerzas aliadas.
Para comprender la situación, es preciso recordar que dos meses antes había tenido lugar en las playas del noroeste francés el Desembarco de Normandía, adonde arribaron un millón 500 mil soldados británicos, estadounidenses, canadienses, polacos y de otras nacionalidades para abrir el denominado segundo frente contra la Alemania hitleriana.
Los ejércitos aliados, y en particular el general estadounidense Dwight Eisenhower, eran partidarios de eludir su entrada en París, avanzar hacia el este de Francia y llegar hasta el río Rin (o Rhin), para después penetrar en territorio del Tercer Reich.
Sin embargo, el gobierno provisional de Francia, con el general Charles de Gaulle a la cabeza, consideraba fundamental la liberación de la capital para restaurar la República y evitar todo intento de imponer un "gobierno militar aliado".
En agosto de 1944, De Gaulle ordenó al general Marie-Pierre Koenig, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Francesas del Interior (FFI), preparar una insurrección popular en París.
Los primeros en sublevarse fueron los trabajadores del metro y a ellos se sumaron los de la Gendarmería Nacional y luego los de la Policía, quienes tomaron el cuartel principal de ese cuerpo instalado en la isla de la Cité, a pocos metros de la conocida catedral de Notre Dame.
El 18 de agosto fue declarada una huelga general en la ciudad, convocada por el Partido Comunista Francés, y la resistencia comenzó la toma de varios ministerios y otros edificios emblemáticos.
De manera simultánea, el general francés Philippe Leclerc dio la orden de avanzar hacia París a los elementos de vanguardia y reconocimiento de la Segunda División Blindada del ejército, entre los que se encontraba la novena compañía, conocida como La Nueve, formada casi exclusivamente por españoles republicanos.
Por esta razón, las primeras unidades militares de las fuerzas aliadas en entrar en esta capital fueron las que estaban compuestas por antiguos miembros del Ejército Popular Republicano, un hecho olvidado por la historia, que París intentó reparar en este 70 aniversario.
"Los habitantes de la capital esperaban encontrarse a estadounidenses a bordo de los blindados y, sin embargo, dieron con estos republicanos que hablaban español", recordó en una ceremonia la alcaldesa de París, Anne Hidalgo.
Hay una anécdota bastante extendida y es que el 24 de agosto, durante una intervención en directo para una radio clandestina, el periodista Pierre Crenessé presentó a su entrevistado como un francés de pura cepa, venido de muy lejos para liberar la madre patria, y éste le respondió: "Señor, soy español".
Al día siguiente, el gobernador militar alemán en París, Dietrich von Choltitz, atrincherado en el Hotel Meurice, se rindió y firmó la capitulación.
Si bien algunos atribuyen a Choltitz el mérito de haberse negado a cumplir las órdenes del alto mando alemán de destruir París, otras versiones indican que el gobernador se mantuvo fiel a Hitler hasta el final y su decisión de no volar los puentes y monumentos se debió a que consideraba perdida la batalla y quería evitar represalias contra sus hombres.
En las últimas escenas de la película de René Clément, cuando el gobernador Choltitz se entrega a las tropas francesas, suena un teléfono en su despacho y se escucha la voz de Hitler, quien insistentemente desde Alemania preguntaba: "¿Arde París? ¿Arde París?".
* Corresponsal de Prensa Latina en Francia.


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