Atizapán de Zaragoza: estadísticas oficiales chocan con la realidad de miles 

Mientras el ayuntamiento presume caídas históricas en robos, más de la mitad de la población, según encuestas, camina con miedo. Desde comerciantes en la periferia hasta vecinos en zonas residenciales, la calle revela una crisis de inseguridad sostenida.

Para el ayuntamiento de Atizapán de Zaragoza y la Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM), el robo de vehículos se desplomó un 76.3% entre 2023 y 2024, y los asaltos en transporte público bajaron una tercera parte. Sin embargo, para el ciudadano promedio, el panorama es distinto: el 51.7% de la población adulta aún percibe que vivir y transitar en el municipio es inseguro, esto según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana del INEGI.

El mapa del miedo ciudadano

La cartografía de la violencia en Atizapán se construye gracias a las vivencias de sus habitantes. El municipio está divido. En un extremo figuran los fraccionamientos cerrados del norte y oeste: Zona Esmeralda, Condado de Sayavedra y Arboledas.

En contraste, en el otro extremo se concentra en la franja sur y este. Colonias periféricas y populares como Los Olivos, La Zapata, Peñitas, 5 de Mayo, México 86 y Villas de la Hacienda encabezan constantemente los reportes de riesgo. 

Leticia, comerciante con 34 años de residencia en Los Olivos, modificó la dinámica de su negocio tras sufrir robos a mano armada. Para ella, los patrullajes son nulos en la noche y la estadística gubernamental es una ilusión cimentada en la falta de denuncias. «A las siete de la tarde yo ya estoy cerrando”. En cuanto a los robos y asaltos a comercios, la vecina lamenta la ausencia de la cultura de la denuncia. “La gente ya ni denuncia. ¿Para qué voy a perder todo el día en el Ministerio Público si no pasa nada? Han bajado las ganas de la gente de salir de noche, eso sí».

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Transportistas viven la inseguridad a diario 

El asalto al transporte público sigue siendo uno de los mayores temores de las y los habitantes del Valle de México. Aunque los reportes municipales presumen una baja del 33.9% en estos atracos y el despliegue del «Operativo Transporte Seguro», las rutas concesionadas y sus operadores tienen otra visión menos alentadora.   

Jonathan “Z”, chofer con 12 años de experiencia en rutas locales, detalla de manera anónima un sistema constante de cobro de piso y asaltos habituales. «Lo del Operativo Transporte Seguro es puro show. Llegan una semana, se toman la foto y ya», relata. La falta de denuncia ciudadana infla el optimismo oficial, mientras en la realidad, enfrentar a los grupos criminales tiene un costo fatal: «Ya nadie de los compañeros se opone o dicen algo. Tenemos que jalar».

Violencia azota también a las zonas de alta plusvalía 

La narrativa de «municipio vanguardia en seguridad» se pone en entredicho cuando la violencia criminal o la impunidad sistémica alcanzan las zonas comerciales o residenciales de alta plusvalía.

Entre 2025 y principios de 2026 Atizapán registró crímenes que dejaron al descubierto la vulnerabilidad local: los ataques armados directos en una gasera de Villas de las Palmas —que dejaron cuatro muertos y exhibieron el cobro de piso—, el feminicidio de Mauri Jazmín en Lomas de San Miguel, y asaltos con comandos armados a plena luz del día en Jardines de Atizapán, operados a través de falsas ventas de vehículos en redes sociales.

Incluso en la burbuja inmobiliaria del norte, el sistema judicial muestra sus fallas. El caso de Kevin Miranda, joven asesinado en 2018 por su propio amigo en la exclusiva Zona Esmeralda, mantiene bloqueos viales en 2026 debido a los amparos que permiten al homicida evadir la cárcel.

Fernanda Estrada, residente del fraccionamiento cerrado Condado de Sayavedra, reconoce la disparidad entre la vigilancia de su entorno y la del resto del municipio, pero subraya que el aparato de justicia falla por igual.

«Uno piensa que esos crímenes están lejos de estas zonas hasta que escuchas que le pasó a algún conocido», advierte al reflexionar sobre los delitos cometidos recientemente. «Los delitos habrán bajado en las estadísticas, no sé. Pero el miedo no baja. Y la sensación de que la justicia no funciona, concluye».

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