POR: Antonio Rondón
El legendario conde Drácula estuvo lejos de imaginar los conflictos futuros en Rumania, donde el ganador de las recientes elecciones presidenciales, el liberal Klaus Iohannis, enfrenta una investigación con peligro de invalidarlo para el cargo.
A diferencia de Vlad III, el inspirador de Bram Stoker para crear en 1897 el personaje de capa negra que bebía sangre, los gobernantes actuales enfrentan desafíos diferentes sin la rigurosidad de la moral y principios de hace tantos siglos atrás.
El reto es más consistente en combatir y poner fin de una vez y por todas a la corrupción que llega cada vez con más fuerza a los círculos políticos.
Así, la derrota del socialdemócrata y actual primer ministro Viktor Ponta podría abrir otro capítulo de confrontaciones, similar al observado en los últimos años entre el jefe de Gobierno y el saliente mandatario Traian Basescu, quien concluyó dos mandatos de cinco años.
El gobierno de Ponta por el momento adelantó que continuará con la política aplicada hasta ahora, sin atender a reclamos anunciados por Iohannis, alcalde de la ciudad de Baosu.
La victoria de Iohannis, con más de 56 por ciento de los votos, frente a poco más de 45 de Ponta, echó por tierra los planes del jefe de Gobierno socialdemócrata de asumir la jefatura del Estado con un respaldo abrumador en el Parlamento.
Iohannis sorprendió con su victoria, con la cual aumentó en 116,7 por ciento el respaldo logrado en la primera ronda del 2 de noviembre de este año, cuando fue superado por 10 puntos por Ponta, quien perdió 26,4 del apoyo electoral.
El candidato vencedor liberal prometió una Rumania de las cosas bien hechas, después que varios miembros del gobernante Partido Socialdemócrata (PSD) estuvieron implicados en investigaciones de casos de corrupción.
La prensa destaca entre los escándalos al Microsftgate y el de la empresa aeronáutica europea EADS, entre otras, lo cual dañó sensiblemente la imagen del candidato del PSD.
Ahora, la atención de los políticos podría concentrarse en las relaciones de Rumania con la Unión Europea (UE), cuya dirección sigue de cerca las medidas aplicadas por la nación del centro europeo para lidiar con el flagelo de la corrupción.
De hecho, Iohannis enfrenta una investigación para determinar si en su cargo de alcalde de Sibiu simultaneó funciones en la dirección de la empresa municipal de agua.
Además, la campaña electoral estuvo plagada de acusaciones mutuas de corrupción de los candidatos presidenciales en el segundo país más pobre de la UE.
El propio Ponta también estuvo en el medio de acusaciones de desfalco a las arcas de estado y aunque logró salir airoso y evitar procesos judiciales, deberá emplearse a fondo en su puesto de jefe de Gobierno para disipar tal imagen.
Los electores, por su lado, buscan la solución de problemas internos, más allá de anuncios tremendistas y chovinistas sobre la ampliación de los territorios rumanos, con la eventual anexión de Moldova, cuya república exsoviética en su momento formó parte del estado centroeuropeo.
El jefe de Estado rumano, con poder de decisión en asuntos de política exterior, deberá lidiar con la visión de la jefatura del bloque comunitario respecto al estado transilvánico, visto con recelo por naciones como el Reino Unido.
Londres impuso un veda de siete años para Rumania, después de su ingreso a la UE en 2007, a la entrada de sus ciudadanos a territorio británico, como mismo ocurrió con los búlgaros.
EL DESAFIO INTERNO
Las protestas multitudinarias tras la primera ronda de las elecciones presidenciales en Bucarest y algunas otras ciudades en rechazo a la desorganización observada en la votación de colegios en el exterior fue más bien la punta del iceberg del descontento popular hacia las autoridades, con independencia de que partido se trate.
Las medidas de ajuste del Gobierno de Ponta estuvieron lejos de resolver, como ya ocurrió con la aplicación de esa fórmula en naciones como Grecia o Portugal, los problemas y, por el contrario, recrudecieron la situación socioeconómica de la población.
Sin embargo, llamó la atención las promesas del jefe de Gobierno de aumentar las pensiones en 2015 y reducir los impuestos, si ganaba los comicios. Ahora que deberá mantenerse como jefe de Gobierno nadie sabe el paradero de esas promesas.
Quizás ni Stoker podría proponer para esta nueva Rumania una solución realmente viable en un futuro próximo, mientras la UE presiona para reducir la corrupción a la par de medidas para recortar los gastos sociales en busca de una supuesta eficiencia económica.
*Jefe de Redacción de Europa de Prensa Latina.


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