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Consumo de drogas al alza en el mundo

Alrededor de 284 millones de personas entre 15 y 64 años consumieron drogas en todo el mundo en el año 2020, lo que supone un aumento del 26%

El sentido de la vida no es el mismo para todos. Es más, hay muchos que no encuentran sentido a la vida. La sensación de vacío, insatisfacción, frustración, angustia o absurdo lleva a muchos hasta extremos en los que parece necesario un estímulo externo/artificial que les lleve a cambiar sus estados emocionales. En buena medida ello explica el incremento en el consumo de drogas en todo el mundo. 

Alrededor de 284 millones de personas entre 15 y 64 años consumieron drogas en todo el mundo en el año 2020, lo que supone un aumento del 26% respecto a la década anterior. Lo anterior de acuerdo al Informe Mundial sobre las Drogas 2022 de la Oficina de la Organización de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Delito (UNODC), que fue publicado hace apenas unos días.

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De acuerdo con dicho Informe, la producción, tráfico, consumo y decomisos de drogas ilegales aumentó en el mundo durante los últimos años. Sobre todo, hay un notorio incremento en los casos de cannabis y cocaína. Buena parte de este incremento –según consigna el informe- estaría relacionado con la legalización del consumo de marihuana y cocaína que se ha dado en varias partes del mundo.  

Las tendencias mundiales que consigna el informe incluyen aumentos relacionados con personas que experimentan trastornos psiquiátricos, con conductas suicidas y hospitalizaciones. Aunque esto no lo dice, es inevitable relacionar ello con las dinámicas derivadas del encierro que implicó en gran parte del mundo el control de la pandemia de Covid-19.

Lo que sí documenta el informe es que hay un aumento sin precedentes en la fabricación de cocaína. Y, al mismo tiempo, se detecta la expansión de las drogas sintéticas (como fentanilo) a nuevos mercados, además de continuas deficiencias en la disponibilidad de tratamientos contra las drogas, especialmente para las mujeres.

A la luz de los datos que incluye el informe, resulta notorio que los procesos productivos de drogas como la cocaína no se detuvieron durante la pandemia, al contrario. La producción de cocaína alcanzó un máximo histórico en el año 2020, con un crecimiento de 11% respecto a 2019, sumando 1 mil 982 toneladas. Las incautaciones de cocaína también aumentaron a un récord de 1 mil 424 toneladas en 2020.

Y lo que una vez más queda claro con este documento es que casi 90% de la cocaína incautada a nivel mundial en 2021 fue traficada en contenedores y/o por mar.  Los datos reunidos en el Informe están sugiriendo que el tráfico de cocaína se continúa expandiendo. Ya no son sólo los mercados de América del Norte y Europa los que están demandando esta droga, sino que se identifican niveles crecientes de tráfico hacia África y Asia.

En países de Norteamérica y Europa, en los que el consumo es una constante desde hace mucho tiempo y en los que incluso se ha llegado a legalizar, se han incrementado los ingresos fiscales y, en general, ha reducido las tasas de detención por posesión. Pero hay otras regiones del mundo en las que los carteles de la droga están “abriendo mercado”, entre sectores de la población mundial que antes no estaban siquiera en el mapa del tráfico y consumo.

Consumo de drogas en México

En el caso de nuestro país, el informe consigna que actualmente los opioides no desempeñan un papel importante en el consumo de drogas. En México –asegura el documento citado- la heroína fue la droga más inyectada en el país en 2020, seguida del opio acetilado; y otros opioides sólo juegan un papel menor en las admisiones a tratamientos por drogas.

Agrega que en la frontera norte del país, se ha documentado una prevalencia relativamente alta del consumo de heroína, asociado con desventajas económicas, trabajo sexual, desplazamiento interno y las propias rutas de tráfico de drogas ilegales, además de que se estima un alto consumo entre las personas deportadas de Estados Unidos.

El Informe también sostiene que “existen otros factores de riesgo en México que pueden contribuir al aumento del uso de opioides en el futuro, como la producción y el tráfico de heroína, el trauma relacionado con la deportación y el cambio en las prácticas de prescripción de opioides. Además, al igual que en otros países de América del Norte, la mezcla de heroína con fentanilo se ha documentado cerca de la frontera norte de México.”

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El consumo de drogas es ya una pandemia global.

Sin duda estamos en presencia de un fenómeno propio del nuevo milenio. El consumo de drogas es ya una pandemia global. No sólo es que en los Estados Unidos (tradicional consumidor) mueran más de cien mil personas al año por sobredosis, sino que hay una tendencia al alza en el consumo en otras latitudes del planeta. Es significativo el aumento en la fabricación de cocaína y la expansión de las drogas sintéticas, porque se trata de drogas más duras, más adictivas, más destructivas.

Según nos lo muestra este Informe de las Naciones Unidas, las personas jóvenes están consumiendo más drogas y los niveles de consumo actuales en muchos países son más altos que los de la generación anterior. En África y América Latina, las personas menores de 35 años representan la mayoría de quienes reciben tratamiento por trastornos relacionados con el consumo de drogas.

Desde luego que hay varias consecuencias en materia de salud que están relacionadas con el consumo de drogas (y así se detalla en el documento que estamos comentando). Por ejemplo, en el caso de aquellas sustancias que se inyectan, el Informe estima que, a nivel global, 11.2 millones de personas se inyectan drogas. Como las condiciones en las que lo hacen son de absoluta falta de higiene, alrededor de la mitad vive con hepatitis C; 1.4 millones con VIH y 1.2 millones, con ambos padecimientos.

En suma, se trata de un problema socio-sanitario mayúsculo, porque la tendencia es al alza, porque las rutas de las drogas se amplían cada vez más, porque hay quienes llegan cada vez más jóvenes al consumo de las drogas y porque incluso la brecha de género se está estrechando y, de acuerdo al Informe, tienden a aumentar su ritmo de consumo y a desarrollar trastornos por uso de drogas con mayor rapidez que los hombres.

Una arista de este fenómeno nos toca de manera directa en México, pues al crecer el consumo se incrementan la producción y el tráfico, con lo cual los cárteles se vuelven mucho más grandes y poderosos. La disputa por las rutas, los territorios, los proveedores y consumidores vuelve mucho más encarnizada la lucha y las consecuencias las observamos en niveles altos de violencia.