Covid-19: la voz de la primera línea

La noche en que la madre de Manuel Lara –médico intensivista que trabaja en el hospital covid Adolfo López Mateos– murió a causa del covid, le correspondió a él dar a su hermana el informe de salud; hacía apenas dos meses que él mismo, también debido al virus, había estado en la terapia intensiva de una clínica del IMSS porque, a pesar del tratamiento, tuvo daño pulmonar.

 

Por: Patricia Ramírez

El comienzo

 

A principios de marzo de 2020 comenzaron a llegar al hospital personas con afecciones respiratorias, entonces se les preguntaba si habían tenido contacto con alguien del extranjero, si habían estado en contacto con alguno o si había viajado. El primer paciente que vio el doctor Lara requirió ventilación mecánica, cuatro días después los resultados de las pruebas de dicho paciente fueron positivas, y luego de él empezaron a llegar más hasta que la terapia intensiva se llenó.

En un principio, al doctor Lara le pareció que la patología se parecía a la influenza H1N1 por la afectación en los pulmones. Al paso de los días observó que la enfermedad era tan grave que requería aislarse de su familia, fue entonces que comenzó a vivir solo.

El primer caso positivo de covid-19 registrado en el Estado de México fue atendido el 6 de marzo: se trató de un hombre de 71 años residente de Huixquilucan quien viajó a Italia; entonces los casos podían identificarse y contarse uno por uno, pero pronto los contagios aumentaron el ritmo.

 

 

Los héroes se olvidan y se enferman

Las noticias acerca de los contagios de los médicos, de la falta de materiales para su protección, de la solidaridad de algunas empresas y personas con ellos eran frecuentes en los periódicos. Por ejemplo, en el hospital se instaló una carpa de descanso, se ofreció hospedaje y transporte gratuito para el personal sanitario, aunque todo ello ya ha terminado.

Casi medio año después de sus primeros contactos con pacientes, el doctor Lara tuvo un accidente de auto, estuvo hospitalizado y al ser dado de alta volvió a vivir con su familia. Su esposa se contagió del virus por contacto con un familiar, luego el doctor Lara enfermó también.

Comenzó con un tratamiento ambulatorio, pero con el tiempo empeoró y presentó dificultad para respirar, la tomografía reveló daño avanzado en los pulmones y tuvo que ser hospitalizado. Morir era una posibilidad.

El momento más difícil de la pandemia

El doctor Lara se recuperó lentamente y un mes después de su salida del hospital su madre se contagió por contacto con un familiar. Él se quedó a su cuidado pero su evolución no fue buena y requirió ser hospitalizada: falleció en el hospital donde el doctor Lara trabaja, precisamente el día en que ella estuvo más grave él volvió de su incapacidad.

Al respecto afirma que aún no se pueden visualizar las secuelas que dejará la pandemia: “Estamos tan abrumados de uno tras otro: un amigo, un familiar, un conocido, que no nos ha dejado ni siquiera vivir plenamente nuestra tristeza, nuestro duelo, son tantos duelos de manera seguida que no ha habido momento de recuperarnos de uno y pasamos a otro.”

El momento más difícil de la pandemia para el doctor Lara fue luego de la muerte de su madre: él le informó a su hermana sobre el estado de salud de su mamá, le explicó sobre su deterioro y le dijo que, científicamente, ya no había nada más que ofrecerle. Pocas horas después, la mujer falleció. 

Según las estadísticas federales, en el Estado de México ha habido casi 28 mil defunciones, y el mayor número de enfermos se ha presentado en hombres de 49 a 49 años con 12 mil 434 casos, en este mismo rango de edad se han enfermado mujeres con 11 mil 119 casos.

 

A un año del comienzo

La perspectiva del doctor Lara es que no se puede hablar de buenas o malas estrategias. Él cuestiona la información que se ha publicado en algunos medios de comunicación porque han hecho una versión de la enfermedad que no ayuda, por ejemplo con el uso del cubrebocas que, dice, se insistió tanto que mucha gente comenzó a utilizar cubrebocas de tela que no sirven para detener la propagación, pero que les hacía sentirse protegidos y quizá presentar mayor descuido; lo mismo, dice, se ha cuestionado la efectividad de la vacuna.

Opina que si bien la vacuna no representa el fin de la pandemia porque tendrá una eficacia solo durante un tiempo, sí es una posibilidad para iniciar el control de la enfermedad, y aunque se ha retrasado la llegada de las vacunas –por un movimiento global, dice– se podría esperar que a mitad de año hubiera más del 30 por ciento de mexicanos vacunados.

El Estado de Mexico, con 45 hospitales de 29 municipios fueron reconvertidos para atender casos de covid, es la segunda entidad con mayor número de contagios y defunciones; enero pasado fue un mes difícil en el que el que el hospital donde labora excedió su capacidad.

El doctor Lara dice que desde que atendió su primer caso hasta ahora ha aprendido que “el covid no tiene palabra”, pues no se ha formado un perfil de a quién va a afectar más, no se puede afirmar que las personas de la tercera edad sean las más vulnerables ni que los adolescentes o jóvenes son los mejor librados. “Esta enfermedad nos deja muy mal parados a los que intentamos hacer un pronóstico”, explica, y aunque se siguen realizando estudios aún hay cosa que no se pueden saber respecto al comportamiento del virus Sars-Cov2.


La vacuna no representa el fin de la pandemia porque tendrá una eficacia solo durante un tiempo, sí es una posibilidad para iniciar el control de la enfermedad

 


 

El regreso a la normalidad

El doctor Lara ha vivido el covid desde distintas perspectivas: desde la enfermedad, desde su profesión y desde la de alguien que ha perdido a un familiar; el tránsito desde ninguno de esos enfoques ha sido sencillo y él mantiene una preocupación que tiene que ver con las afectaciones psicológicas, con el soporte emocional y con una vuelta a la normalidad que aún no imagina cómo será.